THIS LAND IS YOUR LAND

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Ella me contó que había escapado, había escapado de ese manicomio oscuro y sucio donde los locos hablaban con las ratas y cantaban a los cielos, 

con la mano temblorosa del dolor y las uñas sucias,

ella prendió fuego a su habitación,

todo papel quemado, rociado de gasolina, éter que contenía todas las miradas bloqueadas de sus compañeros,

y para cuando llegaran los bomberos todo el lugar estaría patas arriba, y el fuego ascendiendo hacia el piso de arriba, como whiskey por la garganta del que no sabe beber, gracias al oxígeno nitrogenado atmosférico del aire exterior,

pero para cuando llegaran los bomberos ella bajaría tranquila e irresponsablemente por el ascensor mientras sus uñas sucias arañaban la superficie el suelo el mármol el cabello del que no puede ver

los vómitos del pasillo,

ahí en lo oscuro donde ya nada se ve ni a nadie,

y ella estaba tan loca que jugaba con los cuchillos y el fuego,

y se quedó un buen rato para ver como ardían todos sus mapas, su cama deshecha, el olor a pastillas del baño, la cena sin terminar y sus pintauñas para disimular la suciedad de dentro de sus dedos, esa suciedad que ni con mil duchas se quita,

y para cuando llegaran los bomberos ella se habría fugado,

habría destruido todo aquello, hubiera esperado la señal de alarma, la llamada, el plam plam plam de pasos de sus compañeros el cloc cloc cloc de las gotas cayendo sobre los árboles verdes del exterior

los locos alborotando todo el manicomio,

y para cuando llegaran los bomberos ella los recibiría en el pasillo,

con la camisa rota y enseñando un pecho,

teniendo un pecho entre sus manos,

sujetándolo como desecho

y descalza les diría

“ha sido la loca del piso tres, está hasta arriba de mierda y no sabe lo que hace, puede que no lo cuente, puede que cuando lleguéis ya sea tarde, sinceramente no creo que siga viva”,

y para cuando llegaran los bomberos la preguntarían a esa señora que sujeta su pecho izquierdo como desecho si de verdad la conocía y por qué no la ha salvado y ella les contestaría que tenía que terminar de hacer sus tareas,

las tareas del necio,

contar ciervos en el llano atrapar moscas limpiar sus uñas con sus dientes masticar carne,

y para cuando llegaran los bomberos ya no quedaría nada de ella allí ni en esa habitación ni sus notas ni sus delirios ni sus cuadros de artista francesa loca ni sus libros de poemas ni sus colgantes y mucho menos ni sus pulseras y enseres de mujer insufriblemente triste

ni en el cadáver habría quedado,

habría quedado con su chulo abajo para que la llevara de marcha

a follar por baños públicos

y hacer el amor en cines eróticos,

irían a la feria y montarían en la noria y para entonces ella seguramente ya se hubiera lanzado al vacío mientras la habitación continuaba ardiendo, aquella chica que para cuando llegara el bombero cabecilla y su tropilla de agentes apaga-fuegos hablaran con aquélla mujer que se sujetaba el pecho izquierdo como desecho en el rellano y el pasillo saliera atestado de locos como colibrís soltados a la inmensidad de la vida, para entonces ella diría,

“esta es mi tierra y aquí me quiero quedar”.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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