Borrosa Aguja

leon

Este libro empezará

a hablar

cuando el colibrí

vuelva

a la flor roja

para asesinar a la flor roja

¡Habla! agente de la Muerte

habla al que

te ama

al que ha fracasado

en el amor

al que buscas

con tu borrosa aguja.

Leonard Cohen

Tap tap tap pasos en la nieve. Tap tap tap en la sombra. En un millón de besos de profundidad.

“Cuando estoy triste suelo escuchar a Leonard Cohen y eso al fin y al cabo no es del todo la solución”, afirmaba Kurt Cobain hablando del poeta canadiense.

Cuando la gente me pregunta que por qué escribo yo me río. Les digo que por puro aburrimiento, por hacer algo, porque me emborracho día sí y día no, porque cuento con un millón de ojos que refugiar en la palabra cada noche, porque en mi carrera de periodismo soy el rara avis, porque siempre quise compartir una cama con Janis Joplin en el Chelsea Hotel a finales de los sesenta, porque quiero acudir a todas esas reuniones amables de intelectuales que creen en la cultura como la base del progreso, porque estoy hasta las narices del mundo, porque deseo que mi muerte sea hermosa o a veces quiero que se produzca inmediatamente, porque aún creo en el ser humano, porque  creo aún también en la palabra, porque no puedo evitar escuchar “The Partisan” y dejar caer una lágrima por todo el tiempo que viví con un millón de personas que se desvanecieron al igual que yo en el simple humo de un cigarro y porque aún creo en la libertad.

¿Os parecen razones?

No. Creo que la más básica está en la Muerte, como en este poema de Cohen. Por la noche me tumbo en la cama y sueño y entonces bien podría estar muerto porque a la mañana me siento como si hubiera estado muerto y entonces la última cuestión, las inmensas preguntas, el último anhelo es haber permanecido ahí. Y es un veneno. Al igual que la palabra, al igual que el mundo, al igual que la vida.

Quién sabe si toqué en verdad un muslo a la muerte como atestiguó Morrison en un poema y al amanecer reviví vaya usted a saber por qué cuestiones físicas, quién sabe si en verdad escribir poesía es solo eso, morir un poco de inmediato. Quién sabe.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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