– Desvelemos la gran sorpresa de una vez y acabemos con esto

Cada vez me sorprende más el libro de Palahniuk. Nunca sabes hasta donde se pueden estirar los personajes, sus historias, sus pensamientos, sus acciones. Lo único que causa es impresión y asombro. Creo que con todo ese compendio extraño y esperpéntico, el autor nos quiere transmitir una especie de enseñanza. Pero muy extraña y rebuscada. O quizás simplemente lo único que pretenda es hacernos pensar.

Palahniuk, con esta novela, a mi juicio, tanto formal como de contenido, roza la perfección narrativa. Podía tratarse de una mera historia enfermamente aburrida o una simple concatenación de acciones sin sentido, pero no. Palahniuk asusta. Y cuando asusta con sus “FANTASMAS”, lo hace de verdad y sin compasión.

Como él diría:

– Desvelemos la gran sorpresa de una vez y acabemos con esto.

La Tierra, diría él, no es más que una gran máquina. Una gran planta procesadora. Una fábrica. Esa es vuestra respuesta. La gran verdad.

Imaginaos un pulimentador de piedra, una de esas muelas, que gira y gira, que gira veinticuatro horas al día y siete días a la semana, llena de agua y de rocas y de grava. Moliéndolo todo. Dando vueltas y vueltas. Puliendo las feas piedras hasta convertirlas en piedras preciosas. Eso es la Tierra. Y la razón de que gire es que somos nosotros las piedras. Y lo que nos pasa a nosotros -el drama y el dolor y el placer y la guerra y la enfermedad y la victoria y los malos tratos-, pues no es más que el agua y la arena que nos erosionan. Que nos pulimentan hasta que resplandecemos. (…)

Es por eso que nos encantan los conflictos, dice. Amamos odiar. Para detener una guerra, declaramos la guerra. Tenemos que aniquilar la pobreza. Tenemos que combatir el hambre. Hacemos campaña y desafiamos y derrotamos y destruimos. 

En tanto que seres humanos, nuestro primer mandamiento es: 

algo tiene que pasar. (…)

palah

Siempre nos ha encantado la guerra. Nacemos sabiendo que la guerra es la razón de que estemos aquí. Y nos encanta la enfermedad. El cáncer. Nos encantan los terremotos. (…) Los vertidos de petróleo. Los asesinos en serie.

Nos encantan los terroristas. Los secuestradores. Los dictadores. Los pederastas. 

Joder, cómo nos gustan las noticias de la televisión. Las imágenes de gente haciendo cola al lado de una fosa enorme y abierta, esperando a ser ejecutados por un nuevo pelotón de fusilamiento. Las fotos en revistas satinadas de más gente normal y corriente hecha pedacitos sanguinolentos por un suicida cargado de explosivos. Los boletines de la radio sobre choques múltiples en autopista. Los corrimientos de tierra. Los hundimientos de barcos. (…)

Nos encanta la polución. La lluvia ácida. El calentamiento global. El hambre. 

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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