¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?

Cuidado

con aquellos

que están siempre

leyendo

libros. 

Charles Bukowski.

Qué cosas. Acabamos de encontrar una librería donde se toma café. EN VALLADOLID! Sí, aunque parezca increíble, la hay. Además de ello, un hermoso piano de pared donde Rodri ha estado puntuando los acordes mayestáticos de la “Marcha Turca”, y era formidable perderse entre libros de Coeettze, Cioran o Murakami mientras el punteo de piano de “Pulp Fiction Theme” sonaba, mientras Luis preguntaba al librero si había leído alguna vez a Hammet y Lucía ojeaba libros de teoría artística.

Cuántos libros eh? Foto de Google, por supuesto, no nos hemos leído todos esos…

Al próximo día llevamos Baileys y nos montamos una lectura más ebria.

Además también tienen que venir Las Dos Máscaras, Aitor, Nuwanda, Irene, Noelia y demás gente literaria… para simular que somos gente literariamente importante estilo años 20 o una película en b/n rollo “Casablanca” con muchos exiliados políticos, música de cabaret y jazz americano. Hay que joderse. Toda mi vida ha sido un fraude. 

Hablando de fraudes, para fraudes las palabras y los libros. Cada vez que compro un libro siento una especie de dolor. Satisfacción también, pero dolor sobre todo. Es obvio que nadie compra libros (a no ser para tener excusa de regalo) porque están carísimos. ¿Cómo cojones pretende el Ministerio de Cultura que la gente lea poesía, tal y como esta vista esta materia que atestiguan que enriquece el alma y todas esas gilipolleces, si cuesta diez jodidos euros como mínimo cada libro? En mi caso, me he ido acostumbrando a comprar libros de poesía de gente que nunca he leído, que ni es famosa y que se podría decir que apenas tienen editorial o de ediciones de meros legajos de veinte páginas.  A no ser que sea un poeta que de verdad haya seguido y leído, no compro un libro por más de ocho euros. Que les jodan. A todos. Y a los presupuestos de cultura también. Fuck you. 

Siguiendo con el tema del dolor, creo que cuando cojo un libro compro una ficciónEsta concepción un tanto borgiana, me viene de que cada autor puede llegar a escribir una chorrada. Y no hay mayor chorrada al fin y al cabo, que una chorrada que te haga pensar. O mejor: una chorrada que ves que te tiene que hacer pensar cuando en realidad es una ficción y de nuevo la puta frase del David Fucking Wallace de los fraudes. Que todos somos unos fraudes. Como los libros. Como las palabras y frases que hay en cada libro.

No me merece comprar narrativa porque en realidad solo veo en la poesía esa palabra que no es vacía, que abarca un todo que es intangible. LA POESÍA NO ES UN FRAUDE, a la inversa que la narrativa. En la poesía la palabra tiene algo. Está cargada de simbolismo, o aunque sea, sufrimiento y dolor, dos sentimientos únicamente verdaderos en esta vida digna de un Schopenhauer.

La única narrativa que merece comprarse, para mí es la que te marca definitivamente e irremediablemente. Tres o cuatro libros de novela. En mi caso, la única narrativa moderna digna de relecturas y relecturas (que para algo te compras el libro, para leerlo cuando quieras inagotablemente)

Como dice mi amigo Luis, exhibirlos como trofeos en tu habitación o estantería. Yo, en mi caso, muchas veces duermo sobre ellos o permanecen tirados por el suelo. La literatura creo que está basada en el amor. Ver un libro destrozado muchas veces es más poético que verlo limpio y reluciente. De ahí a que me enamorase de esas ediciones viejas de páginas casi despegadas, sucias y oscuras de “Les Fleures Du Mal” de C. Baudelaire. Están descosidos de amor. Rotos por dentro. Como si su autor hubiera dejado toda su energía vital.

Todo ello me recuerda a cierta noche en París con el Juugermaister y el Barrio Latino y revistas robadas de un quiosco y un mechero y un libro y un escritor francófono que nunca conocí y cuatro amigos altamente exaltados por el río Sena y el reflejo de la luna en sus aguas.

Barrio Latino de París que nunca veremos así. Imagen de GOOGLE, como no…

El libro acabó en una fuente. La cara del escritor en el reverso, borrada. Las letras, fundiéndose su tinta lentamente en el estanque.

Mutilar un libro es como una liberación. Tantos años pegado a sus letras y su nada acaba irritando. Porque el amor, al final acaba dando asco.

What a fuck, me voy a poner a escribir de aquí a toda la noche. Voy a hacer una novela arrojando todo mi amor sobre ella, con tanto amor, que llegue hasta irritar, y así algún día ver a alguien ocupado observando toda la nada de sus páginas.

Se me antoja un poema de Leopoldo que refuta muy bien todas estas ideas, me da igual que lo comprendáis o no, no quiero explicarlo, creo que es evidente:

PALABRA

(cita de Jacques Lacan: “La palabra es el asesino de la cosa”)

OH Mujer, que al lago te acercas

nunca podrás penetrar

solo el poema dibuja el cercado

en donde el lago está.

Jode, eh? Lo mejor de Leopoldo, es que cuando lees un poema, es como si te susurrara al oído. Su voz sale del abismo, de un abismo que aparece cuando lo invocas leyéndolo en alto.

Los libros de Panero son insustituibles. Ya se lo digo yo a mis colegas, cuando afirman que si soy un pesado y un plasta con el mismo autor todo el maldito día… creo que no he entrado en una librería en mi vida en la que haya preguntado nada más entrar por Leopoldo. En realidad tengo antologías, sus relatos y sus poemarios más escondidos, hasta su biografía! pero me parece que ya la costumbre me hace medir lo que vale una biblioteca por cuantos libros de L. M. P. tenga.

Como regalo, un poema que hice el otro día en un delirio cósmico-industrial tras la lectura y relectura de los gángsteres del amor literario y los asesinos de las palabras. Un trayecto en bus que no pasó inútilmente. El engranaje, las ruedas, el motor. Todo me daba la pista a que esa “cosa” había sido asesinada. Aquí tenéis:

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Coca-Cola para los momentos malos. / Ibuprofeno para el dolor de cabeza. / Prozac para los poemas.

Seres intangibles / en qué discoteca bailáis, / hermosa es / la destrucción de los amantes poetas.”

Es malo eh?…. Tengo que esforzarme un poco más.

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Seres intangibles / qué capa de ozono / en la oscuridad os cubre.

Cadáveres exquisitos / de mi memoria. / ¿De qué color tenía los labios Marilyn?”.

Para acabar, os informo que inauguraré una nueva categoría en este mi blog, titulada, por el momento (e idea) “¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?”. Esta nueva categoría del blog versará sobre artículos de sociología, filosofía, idealizaciones mucho más profundas que las habituales, y algunas historias no tan ficticias que he ido escribiendo sobre mi propia vida, sobre la vida que he vivido y me impresiona, y necesito destacar y hasta exagerar. Ya lo decía Cernuda, “La realidad o el deseo”, todo lo que escribes es sobre tu realidad o lo que deseas. Esta nueva categoría irá un poco de eso. Siempre con una especie de moraleja en cada artículo. Crítica profunda de la sociedad de hoy en día y su cultura, ambientes, manías y existencia. Un memorándum de todo lo visto, oído, vivido, sentido… sometido a crítica. Pero no os fiéis de su veracidad porque será hiperbólicamente EXAGERADO.

Os dejo en vísperas de la Huelga General cuando todos los culpables de todos los males del mundo obrero (sindicalismos) saldrán a la calle disfrazados de desahuciados, parados y abuelos explotados. Yo, solo creo en las vías del tren. Y en las Delicias. 

Qué cojones! Si ya es pasada la medianoche, ya estamos en Huelga! 

Chao y que la suerte os acompañe en medio de todo este enorme cisco que hay montado ahí fuera. 

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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