La Muerte No Es El Final

Como imbuido por aquella perfecta canción de Dylan titulada “Dead Is Not The End”, me embarqué en la lectura de uno de los libros más profundos que he leído jamás, Poemas Japoneses A La Muerte (escritos por monjes zen y poetas de haiku en el umbral de la muerte) recopilados por Yoel Hoffman (DVDPoesía). 

Meterte en el mundo de los poetas japoneses y poetas de haiku japoneses es  apasionante. Aparte de ser una literatura que nunca antes había tocado, apenas poemas sueltos del famoso Basho, es una cultura que contrasta muchísimo con la del mundo occidental actual. Todos los poetas japoneses, o por lo menos los que aparecen en este libro, tienen ese estilo místico que bien podría reunir a poetas españoles de la talla de San Juan de la Cruz o ingleses como William Blake. 

Su poesía encuentra las iluminaciones propias de los postulados budistas e ideas orientales que dan una solución al “problema” de la muerte. Es muy interesante comprobar que la muerte no es el final. Que es un proceso. Dos caras de la misma moneda. Como el recorrido solar. Fijaos en este haiku: “Desde lo más profundo de mi corazón/ qué bellas son las nubes/ de nieve del oeste”. La muerte, como es normal en todos los poemas místicos, se presenta como un proceso, algo que tiene que pasar y que el hombre ve como necesario para terminar su viaje.

Yoel Hoffmann, el autor de la antología, además nos hace una especie de estudio sobre la cultura japonesa antigua que me ha llamado mucho la atención. Tanto como los poemas que os redacto aquí para que disfrutéis:

¿Una palabra de despedida?

La nieve que se derrite

no huele.

Bokusui

La vida es una rueda que no deja de girar

y cada día es el día.

Quien recita poemas a su muerte

añade escarcha a la nieve.

La vida es como la neblina que exhala la gruta de una montaña

y la muerte,

una luna que flota

en su curso celestial.

Si piensas demasiado en el significado de estas cosas

estarás atado para siempre

como un asno a su estaca.

Mumon Gensen.

Aquí, a la sombra de la muerte, es difícil

pronunciar la última palabra.

Solo diré, pues,

“Sin decir”.

Nada más,

nada más.

Dokyo Etan.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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