Choque de automóviles de mentira. “Crash”, J. G. Ballard (1973, Ediciones Minotauro)

El matrimonio de la razón y la pesadilla que dominó el siglo XX ha engendrado un mundo cada vez más ambiguo. Los espectros de siniestras tecnologías y los sueños que el dinero puede comprar se mueven en un paisaje de comunicaciones. El armamento tecnológico y los anuncios de bebidas gaseosas coexisten en un dominio de luces cegadoras gobernado por la publicidad y los seudo acontecimientos, la ciencia y la pornografía. Los leitmotiv gemelos de este siglo, el sexo y la paranoia, presiden nuestras existencias. (…) El voyerismo, la insatisfacción, la puerilidad de nuestros sueños y aspiraciones, todas esas enfermedades de la pisque han culminado ahora en la víctima más aterradora de nuestra época: la muerte del afecto. (…)

Añadiré que a mi criterio el equilibrio entre realidad y ficción cambió radicalmente en la década de los setenta, y los papeles se están invirtiendo. Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de toda índole: la producción en masa; la publicidad; la política conducida como una rama de la publicidad; la traducción instantánea de la ciencia y la tecnología en imaginería popular; la confusión y confrontación de identidades en el dominio de los bienes de consumo, la anulación anticipada, en la pantalla de TV, de toda reacción personal a alguna experiencia. Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.

Prólogo de J. G. Ballard para su propia obra, Crash (1973, Ediciones Minotauro

Qué verdad. Me faltaba leer a este autor. Hermano literario de Burroughs. Aunque más posterior. La novela que estoy leyendo, Crash, cuyo prólogo es más o menos lo que habéis leído, camina entre la violencia y el terror. Ambas características podrían funcionar como buenos ingredientes de una novela de ficción, pero lo peor de todo es que en su contenido más psicológico, más psicoanalista (si entendemos la novela como una especie de psicoanálisis continuo del mismo autor) podemos comprender que todo ese terror, violencia, brutalidad en cuanto a contenido y forma, nos es propio. Que todas esas crueldades que están admitidas dentro de la narración nos pertenecen. 

Yo mismo me di cuenta mientras escribía THC, la novela que aún sigo escribiendo pero que permanece por el momento parada debido a que me supera. La libertad que me tomaba a la hora de escribirla era total. Dejé que mi mente, mi ser, mi interior fluyera solo por las teclas. Y de repente, empezaron a salir brutalidades y terrores que nunca pensé que podría escribir. Quizás fue ese uno de los motivos esenciales por lo que dejé anclada su escritura. Pienso que debería controlar un poco la escritura. Sino lo hago, presiento que ella acabará por dominarme a mí y engullirme. Véase volverme loco. Véase algo desconocido que no quiero que salga por el momento porque no sé su origen.

Pero siguiendo por el párrafo reescrito del prólogo de Ballard, puedo decir que  Crash, a pesar de toda la crueldad o brutalidad que contenga en sus páginas, nos ayuda a descubrirnos a nosotros mismos. La novela es una especie de psicoanálisis, como dije.

Lo más desesperado de todo, podríamos decir, lo más chocante, es que tiene razón. Y cuando un autor de ficción tiene razón en cuanto a lo que escribe, hay dos posibilidades: o el mundo está muy mal o todos estamos demasiado locos. Es una realidad fija que se contempla día a día. Todo cada vez es más falso. Escuchas miles de promesas día a día, véase en la televisión o en tu propia vida, promesas que se quiebran y ni si quiera te molestas en confiar y creerlas al cien por cien porque bien sabes que son falsas. Los anuncios de la televisión es un ejemplo. Todo el mundo dice que es mentira de antemano y que son técnicas publicitarias para atraer clientes, pero sin embargo, la gente presta atención y confianza a los productos de los anuncios, les cree y luego los adquiere.

Bueno, podría ser un ejemplo un tanto extremo o fuera de lugar. Lo único que me queda por decir, es que es imposible “prometer” digámoslo así, en un mundo de ficción. Es como engañar a un espejo.

Dicen que el primer atributo del mal, véase como el Demonio o el Diablo, es la Mentira. El Demonio, siempre se dijo, que siempre mentía para usarlo contra sus víctimas (películas como El Exorcista  o libros de cultura satánica o también lucha contra el satanismo (sí, admito que he leído algo de eso) pueden sostener esta idea). Si vivimos en una ficción, en una mentira continua, de la que ni si quiera somos conscientes nosotros mismos, qué será de nosotros, ¿hacia dónde nos llevará la humanidad?

Ballard nos propone algo: escribir un libro. Al menos, a simple vista y si nos ponemos quisquillosos, leer un buen libro es lo más sincero que podemos hacer en este gran teatro que no como el teatro de verdad, se dirige por las pasiones y los sentimientos, sino por el poder. El poder absoluto hacia nosotros y hacia el mundo, de todos los interesados. 

Fuente de la imagen: http://eljardindelsuenoinfinito.blogspot.com.es/2011/10/crash-de-james-g-ballard.html

 

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

Un comentario en “Choque de automóviles de mentira. “Crash”, J. G. Ballard (1973, Ediciones Minotauro)”

  1. Escucha a Lagartija Nick. Te gustará. Lo de la muerte del afecto me recuerda al tema “El amor es la víctima” donde habla un poco de esto, contrapuesto con la idea de la muerte de Dios nietzscheana, puede que incluso partiendo de este prólogo de Ballard, ya que Antonio Arias es bastante literato.

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