Una peculiar clase de poesía es posible a primera hora de la mañana…

Las canciones de Waits describen a borrachos, putas, ladronzuelos, tipos refugiados en pequeñas poblaciones, tugurios grasientos, conducir toda la noche, establecimientos de coches usados, tiroteos en hoteles y The Heart Of The Saturday Night.

Geoffrey Himes sobre Tom Waits, The Washington Post, 29 de Octubre de 1979.

O bien,

el equilibrio lo preservan los caracoles que ascienden por los riscos de Santa Mónica;

la suerte es pasear Western Avenue abajo y que las chicas del salón te griten,

<<¡Hola, cariño!>>

el milagro es tener a cinco mujeres enamoradas de ti a los cincuenta y cinco años,

y la bondad es que solo eres capaz de amar a una de ellas.

el regalo es tener a una hija más gentil de lo que eres tú, cuya risa sea más refinada que la tuya.

la paz te llega al conducir un Volks del 67 azul por las calles como un adolescente,

con la radio sintonizada en El Presentador Que Más Te Quiere,

sintiendo el sol, sintiendo el sólido zumbido de un motor nuevo mientras vas como una aguja por entre el tráfico.

la gracia está en ser capaz de que te guste la música rock, la música sinfónica, el jazz…

cualquier cosa que contenga la energía genuina de la alegría.

y la probabilidad que vuelve a ti es la más baja y profunda tristeza

tú tirado sobre ti mismo entre las paredes de la guillotina enojado por el ruido del teléfono o las pisadas de cualquiera pasando;

pero la otra probabilidad- la alegre euforia que siempre llega a continuación-

hace que la chica en la caja del supermercado se parezca a Marilyn

como Jackie antes de que pillaran a su amante de Harvard

como la chica en el instituto que todos seguíamos hasta su casa.

hay algo que te ayuda a creer en algo más aparte de la muerte:

alguien en un coche que se aproxima por una calle demasiado estrecha,

y él o ella se hacen a un lado para dejarte pasar,

o el viejo luchador Beau Jack abrillantando zapatos después de haber despilfarrado toda la cuenta bancaria

en fiestas

en mujeres,

en parásitos

tarareando, respirando sobre el cuero,

dándole al trapo mirando arriba y diciendo_

<<qué demonios, disfruté durante un buen rato, y eso es mejor que nada>>.

a veces me siento amargado pero el sabor a menudo fue dulce.

es solo que he temido decirlo

es como cuando tu mujer te dice:

<<dime que me quieres>>, y tú no puedes.

si me ves sonriente en mi Volks azul saltándome un semáforo naranja conduciendo recto hacia el sol

estaré atrapado

en los brazos

de una vida loca

pensando en artistas del trapecio en enanos con grandes cigarros en un invierno ruso de los primeros años 40 en Chopin con su bolsa de tierra polaca en una vieja camarera que me trae otra taza de café y se ríe

mientras lo hace.

lo mejor de ti

me gusta más de lo que imaginas.

los otros no cuentan salvo porque tienen dedos y cabezas

y alguno de ellos ojos

y la mayoría piernas

y todos ellos

buenos y malos sueños

y un camino que seguir.

la justicia está en todas partes y funciona

y las ametralladoras y los sapos

y los setos así te lo dirán.

Charles Bukowski.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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