“Seguimos en paz, pero con el grito de guerra” (Alan Pipo) 25S Madrid.

Me ceñiré a los hechos en orden cronológico para así llevar una estructura ordenada, fácil y sencilla en la narración de lo que aconteció ayer en las calles de Madrid, durante la manifestación en principio pacifista del 25S.

Salimos alrededor de setenta personas de Valladolid a las once y cuarto del mediodía desde Poniente dirección Madrid. Fui solamente con mi amigo poeta Aitor, el resto serían amigos de la izquierda vallisoletana y del 15M.

Nada más pasar el túnel de Guadarrama nos comenzaron a custodiar el trayecto ya dos furgones policiales, hasta que nos llevaron a una gasolinera donde nos tomaron la documentación. Todo bien. Todo bien a excepción por la tensión que se palpaba en el ambiente nada más pasar Guadarrama, sin saber qué nos encontraríamos en la ciudad madrileña. Sería la 1:30 de la tarde.

Llegamos a Madrid sobre las 14:30. La ciudad estaba llenísima, lo que hacía difícil la transición de los vehículos y el tráfico. En la Plaza España, nos reunimos para comer hasta las 16:30 más o menos junto a más compañeros. Seríamos entonces alrededor de 800 personas en Plaza España, si mis estimaciones son correctas, a pesar de que conforme iba avanzando el día nuestro número se hacía más grande. Entablamos conversación con gente de toda España y pasamos un rato más que agradable, eso sí, custodiados por la Policía y antidisturbios, situados en los extremos de la Plaza. Fue para mí el rato más tranquilo del día. Además Aitor y yo nos encontramos a una amiga de Valladolid que estaba estudiando en Madrid Aquitectura y comía con sus compañeros en el césped de Plaza España. También me dio mucha alegría encontrarme con otro colega de Valladolid al que siempre veo en manifestaciones, pero no creía que le iba a ver en las de Madrid. 

La marcha comenzó sobre las 17:00 de la tarde. Subimos por todo Gran Vía con la escolta de la Policía alrededor nuestro. Para mí fue uno de los  momentos más emotivos del día. Avanzar con alrededor de 3000 personas (número estimado) por toda la Gran Vía, coreando todos al unísono EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO! me llenó de coraje. Sentí que estábamos luchando ya no solo por el país, sino por todos estos años de lucha, que era yo el que recogía el testigo, el testigo que nos dejaron grandes personajes de la historia de España que dieron su vida para que yo ahora mismo pudiera estar expresando mis ideas ahí…

Tras 45 minutos de marcha, llegamos a la Plaza Callao para luego ir por Preciados y tomar Sol. Una vez que llegamos a Sol, la gente comenzó a dividirse para comenzar a rodear el Congreso. En grupos de 150 personas por las calles como “De Las Huertas” o “Cervantes” fuimos bajando para por lo menos llegar a Plaza Neptuno, donde se suponía que nos reuniríamos todos.  Todos sabíamos que una vez que llegásemos a Neptuno sería muy difícil salir de ahí porque la Policía y los antidisturbios estaba cerrando todas las calles a base de trinchera.  A medida que bajábamos por la calle Cervantes hacia Neptuno nos agolpamos todos en las cristaleras de los bares para ver la tele, ya que informaba la gente que corría por las calles que sobre las  19:00 h había cargado la Policía en la plaza Neptuno, que era donde nos dirigíamos. Yo ya estaba llamando a mi amigo rockero de Madrid, Luis Yepes para vernos allí. 

Llegamos a Neptuno sobre las 20:00 h. Todo estaba aparentemente tranquilo y bien. Reunido con mis pucelanos, nos agolpamos entre la multitud para participar con ellos en la manifestación. Nos internamos en la plaza. El ambiente era pacífico. Los gritos de la multitud no cesaban y todos nos manifestábamos tranquilamente. Es cuando Luis, mi amigo madrileño, me llamó y quedamos en el restaurante VIPS, en una de las esquinas de Neptuno, justo debajo del Palace Hotel. El tiempo pasaba y no venía. Tras unas cuantas llamadas, al final nos vimos en la puerta del Museo del Prado. Serían sobre las 20:45 ya de la noche. El ambiente seguía tranquilo, ahora mismo nos salimos un poco más de toda la gente. Apenas unos ruidos de pistoletazos oyéndose en el interior de la plaza, pero muy leves y poco seguidos. La gente se mantenía unida y el pánico aún no se producía. Fue un momento de demasiada calma en el que me encontraba alrededor de las 21:00 h. ya que Aitor, Luis, un amigo de Luis y yo, nos encontrábamos hablando sobre qué tal nos iba después de no vernos en meses sentados en el césped del Museo del Prado. Estábamos demasiado calmados. Una calma que se podría decir que sucedería a la tempestad y marabunta. Apenas unos ruidos de disparos poco seguidos y sin alboroto en el interior de la plaza.

Es entonces, cuando decidimos volver a entrar en la manifestación sobre las 21:15 h. Mi amigo madrileño Luis se empezó a poner muy nervioso y a medida que avanzábamos al interior de la Plaza, asegurando que no nos moviéramos más hacia dentro, que la Policía empezaría a cargar en nada. Lo peor es que tenía razón. Y ojalá no la hubiera tenido nunca. Ante el nerviosismo de mi amigo, me quedé con él enfrente de la entrada del Palace Hotel de Neptuno, serían sobre las 21:30 h, dejando a Aitor con Alex, el amigo de Luis. Estaba todo tranquilo cuando de repente comenzaron a oírse disparos, uno tras otro, y el pánico entre las personas afloró tomando las proporciones del terror.

La impotencia. Todo estaba saliendo tan bien… una bandera Republicana lucía en un andamio,  la gente se mantenía unida y firme, todos a coro… pero todo eso se fue al carajo cuando la Policía comenzó a impartir la Política del Terror. Mi amigo Luis corría de un lado a otro, intentábamos mantenernos juntos, los disparos no cesaban y la marabunta iba en todas direcciones. El desconcierto y el pánico iban unidos. Lo peor de los disparos es que no iban por separado. Oías como diez disparos en menos de un minuto. Fue tal cosa, que me recordó a la película Titanic la escena. La gente corriendo desesperada por salvarse. Nos agolpábamos todos en los resquicios de las puertas de los edificios. Es cuando comenzó la pesadilla. 

Mi amigo Yepes torció la marcha hacia lo que parecía ser la única salida, el Paseo del Prado, por donde la gente corría histérica. Aitor había desaparecido y no paraba de llamarle, podía haberle pasado cualquier cosa, por lo que dejé ir a mi amigo Luis calle abajo y me quedé yo solo y en medio de toda esa situación infernal. Todo el mundo se había dispersado, era imposible encontrar a alguien. Es entonces cuando cogió el móvil Aitor por fin, tras varias llamadas y quedamos en el parque del Museo del Prado donde habíamos estado tranquilamente hablando antes de que estallara todo por los aires. Los disparos se oían en todas direcciones y cada vez con más continuidad. Me atreví entonces a cruzar de una acera a otra, hacia la acera del Museo. Había gente que resistía. Intenté resistir con ellos pero tenía que ir a donde había quedado con mi amigo. Me quedé esperando y esperando. Pasaron los minutos. De repente vi como a diez metros mío un grupo de unas cincuenta personas, en la entrada del Hotel Ritz resistiendo. Vi como también un grupo de unos 25 antidisturbios se armaba las pistolas al hombro y comenzaron a correr disparando contra los cincuenta agolpados resistentes. Ese fue uno de los momentos en el que más estuve cerca del peligro. Lo peor de ayer fue el pánico. Ver a la gente tan exaltada hacía que tú lo estuvieras el doble. Las piernas te temblaban y la desesperación, aumentada porque no encontraba a mi amigo y la sensación de que le podría haber pasado algo, hacía que pensar fuera algo alternativo al ser humano. La ley de supervivencia. 

Me volví a dirigir a la acera de enfrente del Museo. Quedé en esperar a Aitor en el edificio del Ministerio de Política Social. Pero la Policía empezaba a ganar la partida. Estaban por todos los lados. Tanto por la calle principal, como por las adyacentes. Era imposible salir de ahí. Subías una calle y al rato veías a la gente correr porque les venían los antidisturbios detrás. Y los disparos. No cesaron los disparos hasta pasadas las 23:00 h de la noche. Iba preguntando como loco por el lugar de la estación de Atocha, donde había quedado con mis compañeros de Valladolid. Conseguí llamar a Aitor de nuevo en una breve conversación telefónica que recordaré siempre. Le dije, “Aitor, no te puedo encontrar, esto es imposible, nos vemos en Atocha, cuídate, sálvate”. Él me dijo lo mismo. Me encontré terriblemente solo en ese momento, una persona que no conocía del todo Madrid y más en esas circunstancias, huyendo y a la vez encontrando un camino que me llevase a la Estación de Atocha, con todo lleno de antidisturbios bajando y subiendo calles. Pero creo que fue en verdad la desesperación y la angustia lo que en verdad me sacó de allí y me hizo llegar con éxito a Atocha. Todo seguía lleno de gente y la Policía continuaba disparando. Oías gritos. Gritos de terror y orgullo. Tampoco se me olvidará jamás el estar encerrado en una calle sin salida, acordonada entera por la Policía, esperando el milagro y mientras cantando con alrededor de unas seiscientas personas que buscaban como yo, el salir de ahí, ¡¡EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO!! 

Eso cala. Cala hondo. Por supuesto, estábamos acabados, reducidos. La manifestación estaba acabando. La Policía nos despachó con el terror. Recordé a Alan Pipo, uno de los representantes del 15M Valladolid entrando en Neptuno horas atrás cantando “que no, que no, que no tenemos miedo”. Los antidisturbios son los guardianes del miedo. El miedo que hace que todo se vaya a la mierda. Y junto a esas seiscientas personas no me sentí más vivo que nunca, haciendo ver, a pesar de todo el miedo que guardaba en mi interior, que no teníamos miedo. Enseñando a los guardianes del Gobierno, no de los ciudadanos, que sus armas no llevan a ninguna parte, que el valor y el aguante puede más, que somos un pueblo valiente y consciente de lo que sucede.

Pasaba el tiempo intentando escapar de ahí y llegar, como dije, a Atocha, y hubo una ocasión en la que me pude llegar a hacer el héroe. Una mujer de unos cuarenta años caminaba tranquila cuando vi a la Policía aparecer a unos metros suyo. La cogí del brazo y dios sabe cómo conseguí ponernos a salvo. Nada más sacarla de ahí me dio las gracias, unas gracias que ni escuché, ya que la obsesión de que tenía que llegar  de una vez a Atocha marcaba el compás de mi corazón que latía como nunca había latido.

A base de preguntar y preguntar, conseguí llegar a Atocha. Lo primero que hice fue ir al baño, mear, lavarme la cara y llenar mi botella de agua para beber. Es donde por fin encontré a Aitor, junto con unas diez personas del grupo del 15 M Valladolid. Fue una de las veces en las que más me he alegrado de ver a una persona. Me fundí en un abrazo con él y pasamos a relatar nuestra experiencia. Al fondo de la estación de Atocha, continuaban oyéndose disparos.

Poco nos duró la conversación porque al poco atracaron los antidisturbios en la estación. El pánico volvió. La pesadilla no había acabado. Salimos todos de ahí combinando el caminar con el correr, ya que les llegamos a tener a escasos cuatro metros. 

Cuando salimos de Atocha, nos refugiamos en un parque de una de las calles adyacentes a Atocha. Esperando a que pasase un poco todo y para pensar lo que tendríamos que hacer para coger el bus que nos tendría que llevar de vuelta a Valladolid. La gente estaba nerviosísima. No había lugar para la tranquilidad. A pesar de todo ello y de la huida de Atocha, la tranquilidad fue creciendo con el pasar de los minutos, quizás un poco perturbada por el continuo aleteo de los helicópteros rastreadores de la Policía que habían estado presentes durante toda la manifestación.

Una guerra civil. Parecía todo ello una Guerra Civil. Al final, conseguimos coger el bus en Plaza Atocha y volver a nuestro Valladolid, habiendo acabado al fin la pesadilla. 

Pero amigos, la lucha sigue. Uno no se debe rendir. Usando como medio la paz, la protesta y la guerra sigue.

“Seguimos en paz, pero con el grito de guerra” (Alan Pipo y su eslogan para la manifestación del 25 S de ayer)

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

3 comentarios en ““Seguimos en paz, pero con el grito de guerra” (Alan Pipo) 25S Madrid.”

  1. resulta ironico que al final de la entrada aparezcan oposiciones para policia despues de como lo has relatado todo. La verdad es que segun lo lees se te encoge el cuerpo del pavor, asique no se lo que tubo que ser aquellas horas para ti

    1. Los antidisturbios llevan trabajando de esa manera siempre, no es nada nuevo… ese es su trabajo, cargar contra todo el que se cruce en su camino, tanto como el mío es manifestarme…lo único que hay que conseguir es que el sindicato de Policía o la misma Policía nos dé la razón y no al Gobierno. Por supuesto, atracar el Congreso es anticonstitucional, pero qué vas a decir cuando había policías infiltrados entre los manifestantes que precisamente son los violentos de la manifestación…

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