Alejandra Pizarnik y sus múltiples reflejos. “El Despertar” (1968)

Una tarde poética con amigos escritores de mi ciudad, Valladolid, decidí presentarles a una autora que seguro les encantaría y formaría parte de sus favoritos sin ninguna duda. Esa era Alejandra Pizarnik y su poemario Extracción de la piedra de la locura. Otros poemas. (2007), una recopilación de toda su obra desde sus primeros poemas de Última inocencia (1956) hasta los de Infierno musical (1971), sin olvidar sus textos en prosa encontrados. 

Yo llegué a Alejandra a través de mi fascinación por Cortázar. Acudía a las bibliotecas a por más libros del escritor bonaerense, sus relatos y algún que otro poemario. Fue exactamente Salvo el crepúsculo, colección de poemas de Cortázar quién me llevó a Alejandra, con el poema “Noche de las amigas”, donde relata una escena de fiesta en el exilio parisino, con whiskey y su tan parafraseado mate. En esta fiesta incluía a unas amigas que le hacían la noche lo más deliciosa posible. Entre ellas nombraba a una tal Alejandra, que al indagar e investigar sobre si esas mujeres podrían ser reales o tan solo meras imágenes o musas salidas de la mente de Cortázar, de verdad Alejandra era la señorita Pizarnik.

Arranqué un libro de los estantes polvorientos de la biblioteca que ponía “poesía completa” de Pizarnik. Leí tan solo un verso: “La muerte siempre al lado / escucho su decir. / Solo me oigo.”

Inmediatamente, como si el abrir dicho libro de poemas me hubiera causado una especie de huella en el corazón imborrable, un vértigo que solo me produce cierta literatura lírica, una especie de pequeña bajada de tensión en los cables que sujetan el inconsciente y el retrato de mi alma que pasa a borrarse ante un buen poema, corrí en dirección a la puerta de la biblioteca con mi libro de Pizarnik, que devoré en una noche.

Pizarnik es una de esas autoras que solo estás preparado a leer si crees que la muerte tiene varias caras, si aún las venas se te hinchan pidiendo un inminente rescate de los cielos, si aún crees en la inocencia y la bondad que pierdes a través del paso de los años sin darte cuenta, si crees que muchas cosas irreparables tienen un por qué misterioso y cuya respuesta no puedes de ninguna manera hallar, y por último si el simbolismo francés adulterado con filosofía schopenhauriana siempre te pareció algo más que una lectura, más como una lectura de ti mismo y tus fantasmas interiores, tus miserias, tus muertes, tus sobredosis de pasión y límites, tu bandera de rendición de una vida que a cada segundo se va pudriendo y no hay salida de la misma. 

Como poema de muestra, os dejaré uno titulado “El Despertar” que en mi caso me ha producido unas cuantas noches de insomnio descubriendo sus metáforas tan profundas de exilio vital y muerte. Aunque el poemario que más puede definir a esta autora es Extracción de la piedra de la locura (1968), este que os dejo está publicado en el poemario Las aventuras perdidas (1958). También lo podéis escuchar en el impresionante y sobrecogedor vídeo que os dejo a continuación del poema escrito. En él, bajo una escena de conducción nocturna por la ciudad de Madrid (o eso parece) el poema es leído por la voz, si no me equivoco, del poeta español Roger Wolfe (la voz es calcada a la de este poeta):

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

 

Fuente de la imagen 1: taringa.net

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

1 comentario en “Alejandra Pizarnik y sus múltiples reflejos. “El Despertar” (1968)”

  1. Excelente poema, seguro también habrás leído “La jaula”. Es mi preferido, siempre lo sentí como una continuación del que acabas de publicar. O como uno de los poemas que más sintetizan las emociones en la vida de Pizarnik.

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