…y eché todos los libros a la hoguera.

Dicen que un escritor o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Muchas veces en cada uno de mis viajes, siempre buscando a la misma persona allí donde fuera creí perderme. Me sentía como una especie de hormiga en medio de un campo inmenso de trigo poblado de más hormigas pero agrupadas cada una en su hormiguero. Una suerte de salmón que ha decidido cruzar los ríos y escalar las cataratas buscando a la misma persona de siempre, rodeado de más salmones o que se ahogaban o daban por vencidos.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Y es por ese motivo intrínseco por lo que me llevaba libros y libros en cada uno de mis viajes en los que siempre buscaba a la misma persona. Entonces al sentirme perdido en un mundo tan complejo o abatido en situaciones un tanto infructuosas u hostiles, sacaba uno de mis libros y comenzaba a leer.

Dicen que es un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Alrededor de mis viajes, siempre buscando a la misma persona, nunca me he sentido tan perdido con un libro en la mano. Lo abría y desfilaba ante mí una fantasía ajena a mí o una autopsia de mí mismo que la razón muy pocas veces podría explicar. Ese libro ejercía de padre y madre cuando no estaban conmigo. Yo le llevaba conmigo guardado con cuidado en mi molesquín pero en realidad era él el que me protegía.

Dicen que un  escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. El valor que encierra dentro de él solo es comparable y notorio en las noches de insomnio en las que sueño siempre con la misma persona que deseaba encontrar en cada uno de mis viajes. Mis viajes eran un tanto desfavorables y siempre estaba al borde del colapso o la retirada, pero justo cuando iba a izar la bandera blanca de derrota, abría el libro de mi molesquín y mi mente se tranquilizaba.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre  lleva un libro consigo. Y yo no soy nada de eso. Soy más bien un viajante que narra la mentira más grande, que es la escritura. Los códigos o el mensaje, al fin y al cabo no sirven cuando te has gastado toda la vida buscando siempre a la misma persona. El insomnio, producido por ese libro de mi molesquín, solo hacía sumar y sumar lugares y trenes y aumentar la presión y la difícil ansia de encontrar siempre a la misma persona que aparecía en mis insomnios.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Y nunca estuve más cerca de saberlo cuando supe que en realidad yo no escribía, yo solo leía libros cuando mis viajes se me hacían cuesta arriba y lo único a lo que me limitaba era a recordar su argumento y contenido, su forma y su caligrafía, todas las noches de insomnio que ese libro me proponía tratando de buscar siempre a la misma persona.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Y a raíz de todo lo que habéis leído pensaréis que me curaba “escribir” o más bien, re-escribir y que el contenido y argumento de mi escritura era aquella persona a la que buscaba y buscaba sin cesar, bajo una pasión ciega en cada una de mis vueltas al globo.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo. Y al final encontré a la persona que estáis pensando. La encontré tras muchos viajes y tras caminar y caminar por todo tipo de ciudades, pueblos, bosques y montañas. Y lo primero que hice fue abrazarla. Pero estaba intangible y no podía tocarla, me era imposible. No me gustó. La decepción y la desilusión se hizo carne en mí. Deseé volver atrás en el tiempo, recuperar todo el tiempo que había perdido viajando, buscando en cada viaje siempre a la misma persona. Anhelé del modo en que se anhela la vida borrar el recuerdo de mi encuentro con aquella persona. Y eché la culpa a los libros.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor siempre lleva un libro consigo y que una vez muertos, han hallado por fin a la persona que buscaban siempre en todos sus viajes. La han encontrado y para siempre.

Dicen que un escritor, o aprendiz de escritor cuando se encuentra a aquella persona por la que han dado su vida entera por buscarla queman todos sus libros que le ayudaron a proseguir su camino en dirección hacia aquella persona que buscaban en todos sus viajes.

Y dicen, al fin y al cabo que cuando un escritor descubre que en realidad la persona que ha estado buscando durante toda su vida y en cada uno de sus viajes es él mismo, los libros salen por las ventanas y el ruido de las hogueras ensordece el mundo, mientras la persona buscada y el buscador fuman un cigarrillo en las buhardillas de los Barrios Latinos de todas las ciudades por las que pasaron estos escritores en cada uno de sus viajes.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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