“Que todo esto te ahorque por fin a un lugar que no existe” (II) Vida y obra de L. M. Panero.

De nuevo vuelvo a rescatar de entre las estanterías de mi habitación los poemarios de mi poeta más admirado en toda la geografía española: Leopoldo María Panero. 

Leopoldo María Panero, tan castellano como yo, a pesar de haber nacido en Madrid, ha sido, es y sigue siendo el poeta maldito por antonomasia de este país. “La destruction fut ma beatrice”, que diría el poeta francés Stephàne Mallarmé es la frase que mejor lo califica. Este hombre ha conocido todo tipo de desastres. No voy a hablar esta vez de su vida, ya que al fin y al cabo os la suponéis: drogas, numerosos e incontables intentos de suicidio, cárceles y exilios en manicomios por rendirse ante su gran hermana, la locura. 

Un artículo leído en el blog del escritor Javier Calvo sobre Stewart Home me dieron las claves sobre la base de admiración de un lector hacia escritores y libros que ha leído. Y básicamente es que siempre hay un par de autores que leíste una vez que quedaron tintados en caligrafía de fuego en tu actividad lectora o ser. Y en mi caso, Panero es uno de ellos.

Baudelaire, Ginsberg y Panero para mí forman el tríptico poético que busco siempre cuando leo más libros de poesía. Siempre que leo un poema busco algo de esos tres en él, si no, puede que sea muy difícil que me guste determinada poesía. Panero es uno de esos tres escritores que forman para mi la puerta de acceso al resto del arte escrito en verso, al de la poesía. Y lo bueno del asunto es que todavía sigue vivo y escribiendo más que nunca, a diferencia de los dos otros autores anteriormente mencionados.

Es por ello por lo que quiero compartir con vosotros de nuevo otros tres poemas (como tres eran los poetas mencionados) a modo de regalo que un día a mi me causaron cierto insomnio asustado ante la grandeza de sus versos y las sensaciones que me imprimían.

El primer poema lo extraigo del poemario Poemas del manicomio de Mondragón (1987) titulado “El loco mirando desde la puerta del jardín”, en el que podemos meternos en los ojos, como bien reza el título, del autor que pasmado describe la caída de la realidad y la figura de la locura:

Hombre normal que por un momento

cruzas tu vida con la del esperpento

has de saber que no fue por matar al pelícano

sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros

y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada

de demonio o de dios debo mi ruina.

El segundo poema que saco a relucir “Los misteriosos sobrevivientes” perteneciente al poemario Last River Together (1980), un poema que no podría ser más sufrido, como hierro hirviendo se clava en el alma. Advertencia: angustia total.

Dime si destruye mi mirada, dime si

queman más mis ojos que la furia del tiempo,

y que este espacio vacío en que los sueños prometen suicidio , y quiénes (…)

mienten vistiendo a la vida con el traje del Espectro,

dime quiénes son, y qué es esto

que huye del ser como el ciervo del

cazador al crepúsculo, el vago

crepúsculo que se extiende como llanura infinita,

desafiando cualquier horizonte, el vasto

crepúsculo sin perspectiva que es ya toda la vida… pero dime

quiénes son, borradas

todas las señales del cielo y caída

sobre la tierra una vez más la luna, cuando

ya la noche no puede llamarse noche, y

los hombres se buscan ciegos en la noche,

quiénes entonces, dime quiénes, en el aire sin tiempo

hozan aún y escarban como cerdos en la

llanura sin sueño de la nada, y me

preguntan por mí, por ellos, cuando

nada queda por vivir.

El último poema de esta entrega, será “Primer Amor”, extraído del conjunto de poemas nombrados como Primeros Poemas escritos antes de 1970. Es uno de los primeros poemas del autor que aún así no tiene desperdicio:

Esa sonrisa que me llega como el poniente

que se aplasta contra mi carne que hasta entonces sentía solo calor o frío

esta música quemada o mariposa débil como el aire que quisiera tan solo un alfiler para evitar su caída

ahora

cuando el reloj avanza sin horizonte o luna sin viento sin bandera

esta tristeza o frío

no llames a mi puerta deja que el viento se lleve tus labios

este cadáver que todavía guarda el calor de nuestros besos

dejadme contemplar el mundo en una lágrima

Ven despacio hacia mí luna de dientes caídos

dejadme entrar en la cueva submarina

atrás quedan las formas que se suceden sin dejar huella

todo lo que pasa y se deshace dejando tan solo un humo blanco

atrás quedan los sueños que hoy son solo hielo o piedra

agua dulce como un beso desde el otro lado del horizonte

Pájaros pálidos en jaulas de oro.

Si queréis saber más de este poeta y su poesía solo tenéis que clicar aquí e inmediatamente os saldrá la primera entrega de esta especie de no-categoría, “Que todo esto te ahorque a un lugar que no existe”.

Fuente de la imagen 1: escritores.org

Fuente de la imagen 2: elzo-meridianos.blogspot.com

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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