Acertijo Pop 4- David Foster Wallace.

Dos drogadictos en fase terminal estaban sentados con la espalda apoyada en la pared de un callejón sin nada que inyectarse, sin medios y sin ningún sitio al que ir o donde estar. Solamente uno de ellos llevaba abrigo. Hacía frío y a uno de los drogadictos terminales le castañeteaban los dientes y la fiebre le hacía sudar y temblar. Parecía gravemente enfermo. Olía muy mal. Estaba sentado con la espalda apoyada en la pared y la cabeza apoyada sobre las rodillas. Aquello tenía lugar en un callejón detrás del Centro de Reciclaje de Envases de Aluminio de la Commonwealth en Massachusetts Avenue en la madrugada del 12 de enero de 1993. El drogadicto terminal del abrigo se quitó el abrigo, se apretujó contra el drogadicto terminal gravemente enfermo y extendió el abrigo por encima de ambos intentando que los cubriera tanto como fuera posible, luego se apretujó más todavía, se apoyó en el otro, lo rodeó con el brazo, le dejó que le vomitara en el brazo y se quedaron así apoyados contra la pared los dos juntos toda la noche.

P: ¿Cuál de los dos sobrevivió?

Este fragmento pertenece a una serie de “acertijos” propuestos por Foster Wallace agrupados en el formato cuento llamado “Octeto” del libro Entrevistas breves con hombres repulsivos. La originalidad, ingenio y genialidad de D. F. W. parece no tener límites. Su lectura engancha. Tanto, que ya estoy por el tercer libro suyo. El efecto que te produce su lectura no es solo adictivo, sino el hecho de que cuanto más lees,  deseas leer y leer más de lo que ya has leído, un efecto que llevándolo a la música, solo me ha sucedido con Bob Dylan. Porque es tan ingenioso e imaginativo, que sus lecturas no abarcan un mundo aparte, sino un universo (también sucede lo mismo llevándolo a Dylan) en el cual nunca sabrás qué te encontrarás.

Tras muchos libros leídos, he de concluir que solo ha habido cuatro escritores que de verdad han rozado los límites de la perfección narrativa según mis impresiones: Edgar Allan Poe, James Joyce, Julio Cortázar y David Foster Wallace. La verdad es que los cuatro han ido bebiendo de cada uno, dejando último a Foster Wallace, por lo que me parece la mejor síntesis no solo de estilos, sino de la propia existencia humana y ya rozando los extremos de la metaliteratura y la creación literaria. El escritor con todas las letras. El escritor humanista abatido ante la propia existencia. Porque, al fin y al cabo, Foster Wallace era el gran incomprendido, por él, por el mundo y hasta por su mano que escribe.

Si nos dirigimos a “Acertijo Pop 4”, el texto que os he propuesto al principio, podemos observar una escena cruda propia del realismo sucio o de los beats más descarnados. El autor juega con el lector, haciéndole entrever significados que a simple vista no se ven claramente. Los dos drogadictos están a punto de morir. Uno de ellos tiene un abrigo con el que refugiarse del frío y el otro está al borde del colapso, entre el frío, la fiebre y el síndrome de abstinencia. La pregunta del curioso acertijo es cuál de ellos sobrevive. Nos pone en una situación extrema, dar la vida o la muerte a uno de los dos personajes que él ha inventado. ¿Cuál pensáis que logrará sobrevivir?

Para mí ninguno de los dos. En el abrigo no hay suficiente espacio para ambos. Quedarían libres al frío partes de cada uno, con lo cual el frío no dejaría de notarse y ambos morirían (el autor nos avisa que están en su hora final (más causa si consideramos el hecho del síndrome de abstinencia)).

Este acertijo lo calificaría de macabro, puesto que en poquísimas líneas, establece una psicología de cuerpos enfermos e indefensos ante la muerte que se acerca. Pero sin duda podríamos establecer una moraleja. Bonita, pero macabra. Puede que no penséis igual que yo, pero creo que podría ser una alegoría directa a la debilidad del ser humano hacia el otro, la empatía, y posteriormente, la culpa o la tortura de la conciencia. Si uno sobrevive, ¿sería capaz de vivir el superviviente sabiendo que si ese abrigo hubiera sido compartido con su compañero, podría haber cabido la posibilidad de que se salvaran los dos, o dormiría el resto de sus días tranquilo teniendo la idea y recuerdo de haber visto morir a su compañero?

También podemos en líneas más épicas o poéticas, establecer la hipótesis de que la fuerza del amor en el ser humano, al igual que la conciencia de la que hablábamos antes,  nos salva pero a la vez nos destruye y nos lleva a la muerte (si consideramos que ninguno de los dos se salvaría).

¿Y si se salvaran los dos? Bueno, eso nunca lo sabremos, puesto que lo mejor de esta literatura creada, es que nunca sabemos si va en broma o si se empeña en mostrar signo de moraleja, optimismo, pesimismo, seriedad. Posiblemente solo juega o experimenta con el lector, conmigo y con todos los que os sumergís en su lectura, llevándonos a los límites de la existencia, al absurdo y al final, a la broma y el disgusto o al humor más negro y difícil de digerir que te puedes imaginar, que al fin y al cabo, es vivir. 

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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