En palabras de Roger Wolfe.

Llevar dos horas en la más fina oscuridad. Sin hacer nada. Bailar en ella sin música. Fumar cigarrillos uno tras otro. Bailar, bailar, bailar hasta no ver ni sentir nada. Debe ser que estoy enfermo. Salir a la calle, ver tanta gente y saber que no hay nadie. Una sensación estéril que recorre el estómago. Llegó la hora de las pastillas. De murmurar y no hablar. De continuar encerrado en casa, sin salir, bailando en la oscuridad, hasta que no se vea nada. La metamorfosis de Kafka y las dos jeringas de opio que se dejó en un puente de aquel río checo.

Hablar en palabras de Roger Wolfe. Gritar palabras de Roger Wolfe. La enfermedad. Será eso.

Estoy enfermo.
Días enteros sin salir de casa.
La cabeza se me va.
Me relajo
con pornografía y tranquilizantes,
cigarrillos y café. Extrañas
mezclas.
Hoy he puesto la tele.
Una señora que quería volarle
la tapa de los sesos a alguien
y luego restregárselos por la cara.
La de ella.
Más muertos. Más cigarrillos,
tranquilizantes y café.
Enfermo. Es evidente.
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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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