Mundos a través de las cintas magnetofónicas.

Levantarme a una hora prudente, combatir el café con un par de cigarrillos, dar un aspecto habitable a mi habitación, colocar los enseres necesarios sobre la mesa y luego el paso más importante. Buscar. Jugar a ser un pequeño explorador por mi casa de antiguas reliquias y glorias de años que ni mis padres saben. Entre polvo y cajas encuentro en su mayoría vinilos que no puedo escuchar porque el tocadiscos también del año de Papa Noel está desenchufado y no sé como ponerlo operativo, y también cintas magnetofónicas, que era de lo que quería hablaros en especial en esta entrada. Allí se encuentran viejas cintas de la aproximada década de los 70. Cada una de ellas con historia. Una historia que estalla en el recuerdo de mis padres cuando la cinta comienza a sonar. Por ejemplo, la cinta que contiene el disco Dark Side of the Moon de Pink Floyd recuerda mi madre que le fue regalada por un afiliado al partido comunista en tiempos franquistas que seguramente no tuvo un futuro próspero en España por sus ideas. Otra cinta de grandes éxitos de Elvis Presley le fue regalada a mi madre con amor y cortesía por un chico melenudo que luego sería mi padre. Y una última que saco a relucir en este espacio es la cinta Desire de Bob Dylan con las canciones “Sara” y “Hurricane” rodadas miles de veces, y que fue comprada por mi padre en cuanto junto a mi madre obtuvieron su primer automóvil para escucharla en sus viajes.

Una vez que estoy satisfecho con mi búsqueda e investigación musical, me siento a escucharlas una y otra vez, saboreando el perfecto sonido y a medias ruido que hace la cinta magnetofónica al ir rodando y reproduciendo la música. Saco unas cervezas o coca colas (depende de como me encuentre en el día), normalmente las cervezas son para los días apagados y plomizos, y las coca colas son más para días soleados y animados. Pongo mi kit de bebidas en fila y empiezo a beber mientras suenan aquellos paraísos mecánicos que son las cintas. Luego cuando ya me canso de beber fumo dos o tres cigarrillos tumbado en mi cama mientras la música sigue sonando y sonando hasta su fin. Y cuando acaba todo ese ritual doy al botón de review y atraso la película para sentarme en el ordenador a escribir lo que salga en su necesario momento acompañado de la fabulosa música que sale de los altavoces.

Con esto quiero decir que muchas veces la música no es solo música. La música forma parte de un movimiento psicológico natural del ser humano que llena de emoción y paz nuestras vidas. Es el mejor invento del ser humano, la única acción posiblemente válida y no errónea o sin sentido, en un sentido niesztcheano. Nos acerca con mayor proximidad a esa fabulosa idea invisible de felicidad a modo de papeles rotos, a esa felicidad dócil y no manejable, a esa felicidad que entra por los oídos y te embriaga con todo el poder de los mundos posibles. La música forma parte de toda esa emoción y amor universal, es algo que nos une y no nos separa como el resto de las acciones humanas. Gracias a la cual, el ser humano se siente importante en un mundo y en una vida la cual no nos hace más que convencer de lo contrario. 

En un último apunte con rango social, creo que toda esa magia que desprende la música se ha perdido y se la considera algo así como para pasar un rato y divertirse. La música es igual que las drogas. El mundo y la sociedad se empeñan en hacer que sean divertidas cuando en realidad la diversión no lleva a ningún sitio y la búsqueda de placer no lleva a ninguna parte. La música yo la veo como conocimiento, conocimiento en el aspecto de hacernos ver con otros ojos la realidad o la capacidad de transportarnos a otra realidad, la realidad suprema que es la metáfora y la emoción, también muy en la línea niezstcheana.  Como un bien intangible que no tiene precio. Algo puro en un mundo tan podrido. Así que este mensaje va para todos aquellos, empresas, personas y músicos que prostituyen a la música. Sí, que la prostituyen, que solo la usan para pasar el rato, para divertirse. No la escuchan, solo la oyen. La música y su bien intangible siempre queda en los corazones de quien  han tenido la grata experiencia de haberla conocido. No de los que la usan para  su diversión. También que sirva esto contra las descargas ilegales de Internet. Que la música no tenga un precio y sea libre y gratuita solo hace más que quitarla prestigio. Para qué te vas a comprar un disco si lo tienes gratis. Mucha gente me llama gilipollas porque compro discos. ¿Saben lo que les digo?, que escuchen álbumes originales comprados con todo el amor y pasión del mundo cuando aún el dinero no se había hecho tan global e importante y el ahorrar quinientas pesetas para comprar música era toda una proeza. Que escuchen esas cintas de valor incalculable y llenas de polvo. Que las escuchen y quizás por fin vean la verdad y lo único importante que tiene la música dentro de ella. Todo el valor que un álbum en sí recoge.

Por favor, la música no tiene que ir por ahí mamándosela a pijos indeseables para que se haga comercio con ella.  Por una música libre y de verdad. Esta entrada se la dedico a Rodrigo, Daniel Nuwanda, Manuel Torinos, Las Dos Máscaras y Luis Yepes, amigos míos que al fin y al cabo, todavía creen en lo que he escrito en las últimas líneas.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

5 comentarios en “Mundos a través de las cintas magnetofónicas.”

  1. Me parece maravilloso lo que has escrito!! me siento reconocido en cada palabra, en cada frase. La música es conocimiento, conocimiento emocional, conocimiento natural, es más, para mí, una absoluta necesidad. Siempre he dicho que a falta de música (o arte) ajena, bien es hacerla. Música, siempre música! Y lo de comprar los cedes estoy de acuerdo hasta el final: creo que es un amor que no se puede argumentar, una decisión que no se puede justificar, la que te lleva a ir a una tienda de música y con los ahorros que te han costado 6 cubatas comprarte unos buenos discos. muchas gracias por ponernos voz en tus líneas amigo!

  2. Está bien Enrique, estoy de acuerdo en lo último, visto como la parte romántica del significado de un disco, buenísimos recuerdos asociados…etc pero “socializando” aún más el contenido diré que personalmente, exceptuando unos escasos cedeses imprescindibles de Pink Floyd y de los Eagles, jamás he comprado música. Sin más motivo que el de no poder pagarla. Sin internet y el mítico Ares jamás habría llegado a descubrir a muchísimos artistas que me han marcado, a veces no solo musicalmente, sino incluso en la forma de pensar, la filosofía…etc y que sino jamás habría conocido, como pienso que a muchas otras personas les ocurrirá.
    Sea dicha la verdad, yo estoy a favor de una cultura libre y gratuita…claro que en unas condiciones distintas a las actuales, no me olvido de las necesidades del artista, pero tambén hay que considerar que el acceso a la literatura, el cine, la música, el teatro actualmente está actualmente límitadísmo, porque como bien dices, la cultura se ha vuelto un negocio, la prostitución es generalizada, y los contenidos y las formas por norma general, vulgares a más no poder, cosa que luego repercute en la mentalidad general hasta convertir esto en un círculo vicioso de cultura de masas impuesta y aceptada, demanda de la mercancía musical por la mercancía humana, que se cosifica más y más, al igual que el arte que pierde su razón de ser.
    Por eso, lo de creer en la compra de cedeses, a la vista de las actuaciones de las discográficas, me parece un poco seguirles el juego. Más valdría crear asociaciones de artístas financiadas por todos y todas, para que el arte también fuese de todos y no de unos pocos que puedan permitirselo…(Elevándo el nivel, claro está)
    Es interesante pensar que Pink Floyd, Yes, Genesis…etc en su época eran lo más “pop”, lo más comercial y escuchado. El interés comercial, la calidad y el virtuosismo coincidían. Ahora sin embargo…pfff lo comercial solo apuesta por lo vulgar. Así que, según esto, sería posible una cultura de masas superior y además no minoritaria (como nos ocurre a los cuatro freaks del progresivo, sin ir más lejos (risa triste)) gestionando todo de otra manera.

  3. tio yo también estoy muy de acuerdo con tu opinión, solo que todo el dinero que le puedo dar a la mahou en una noche de fiesta, prefiero guardar un poquito para aunque sea, una discográfica adinerada xD

    1. Gracias, creo que el amor verdadero, ese amor que nunca termina, que nunca cambia, pase el tiempo o no pase, es el amor ideal o platónico. Y la música como soporte físico no existe, solo la escuchas, al igual que leer, que en ese caso es interiorizar. Ese proceso de idealización, que te transporta fuera del mundo físico, es el único placer real que tenemos a nuestro alcance, un placer del que desconoces su naturaleza y es ahí a donde reside su gran valor. La música, tanto como la escritura, son las claves del desarrollo humano y de la interiorización, que nos llevarán a ser mejores personas y a disfrutar más de lo que vivimos, en resumen a ser felices, pues la felicidad no se encuentra en la materia ni en el mundo físico. Sé que me entiendes.

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