La Humedad.

El buen amigo Nacho Vegas tiene una teoría muy especial e interesante en una de sus reflexiones existencialistas a las que todos recurrimos en noches de tristezas, nostalgias o borracheras que han resultado negativas. Esta es la de la humedad.

Cuando a alguien le llaman “triste”, un “triste”, (muchas veces a quien escribe se lo dicen), es aquel que siempre esta triste o apagado. Aquel que pocas veces sonríe o sonríe con cierto humor incomprensible, absurdo, nulo. Reír por reír. Pero “un triste” es aquella persona que realmente no le ha pasado nada malo. Pero aquí entra la humedad de la que nos habla Nacho.

–          ¿Por qué estás triste? Si todo te va bien…

Y muchas veces la respuesta es silencio apagado con la mirada baja. La humedad es aquella sensación que queda en el cuerpo y en el ser por la cual todas las cosas malas que te han pasado vuelven en ti sin saber por qué. Es como aquella parábola de un payaso. Sale un payaso y cuenta un chiste. La gente se ríe. Lo cuenta de nuevo. La gente se vuelve a reír. De nuevo, mismo chiste. La gente se ríe menos. Lo cuenta una última vez y la gente ya no se ríe. Nadie más se ríe. Entonces el payaso les dice: “si no reís una y otra vez con lo mismo, ¿por qué sigues llorando por los mismos motivos siempre?”. De ahí radica la diferencia.

La vida nos da tantas patadas, que aunque sean mínimas nos las da. Puede que ni siquiera se noten, luego, a largo plazo sí. Por muy insignificantes que sean. Y somos todos tan sensibles, los seres humanos aún sentimos. Todo ese llorar y llorar y todas aquellas noches sin dormir por los mismos motivos, sin parar, durante todo lo que llevas de vida, sin ni siquiera haberte sucedido nada malo en ese momento inmediato, todo eso forma parte de la humedad. Aquello que se retuerce y suele parecer inextirpable. Aquella tristeza que puede ser tan cruel y desesperada que nunca conseguirás arrancar de tu pecho. O bien aquella otra que es tan bella que hasta echas de menos y te preocupas porque ahora ya no tienes problemas y tu vida es un completo aburrimiento. Todo ello es la Humedad. Las heridas, aunque fueran por los mismos motivos, quedan grabadas en el alma inconscientemente, cualquier noche puedes volver a soñar con una de esas heridas y estar sangrando todo el día siguiente vivido de forma racional. Y la desesperación no tiene límites, al contrario que la alegría. Pues muchas veces nos preocupamos por cosas que en realidad carecen de importancia. Pero ese ya será otro tema de reflexión.

Podemos también compararlo con la lluvia. La lluvia formaría una metáfora con la Gran Tragedia General. Agua en símbolo de tragedia que cae y cae sin cesar. Ha caído mucha agua el año pasado. Es por ello que los embalses estarán llenos el año que viene. Es otra manera de explicarlo.

Amigos, no os sintáis solos, pues la tristeza por la propia tristeza ya tiene nombre, se lo hemos puesto todos al unísono: Humedad. Llorad todo lo que tengáis que llorar a ritmo de vals, ya que puede que esa sea la única solución.

Os dejo una preciosa canción que escuchaba mientras escribía el texto. Una canción que bien podría ser la madre de las tristezas. Del disco conjunto del antes artista comentado Nacho Vegas junto al flamante Enrique Bunbury. En este caso, la canción es de Enrique.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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