Los perros no saben.

Muchas veces gasto parte del día en sacar a dar un paseo a mi perra. Y en esos paseos, en los que observo y estoy en contacto con mi mascota, caigo en demasiadas cosas que no salen puntualmente en otros momentos. En ese estado de lucidez nocturno yo me encontraba mientras mi perro intentaba colarse, cual macarra, entre algunas zonas privadas de las calles. Portales, verjas, hasta a los coches se acercaba, con su pasional curiosidad de perro. Y yo me di cuenta que un perro no entiende de política. No entiende de separación entre lo tuyo y lo mío, de incluso habilidades de persuasión, es decir, comunicación (visión aristotélica), solo concibe el impulso y el instinto, quizás la pasión por descubrir y conocer, y por ello si no fuera prevenido por mi mano que sujeta la correa, podría llevarse un disgusto.

Pero un perro no tiene concepción de economía y política, solo de fidelidad. Su dueña, que es mi hermana, estuvo un día entero fuera de casa y podías ver a su animal en la puerta esperándola, sin moverse, daba igual cualquier cosa que le hicieras, la perrita se quedaba ahí sin inmutarse por nada, solo esperando a su ama. Cuando llegó se puso loca de contenta y no cabía en alaridos de alegría y volvió a corretear por toda la casa y jugar como hacía antes. Y entonces pensé, ojalá los humanos fuéramos en ciertas cosas como los perros. No entender de ansias de poder y dominación, de propiedades privadas y peligros, ser libres y guiarnos por la pasión y el efluvio natural del cuerpo. Pero el miedo. Un perro es imposible que tenga miedo. Esa es la gran diferencia. El ser humano es tan miedoso que nunca llegaría a ser tan libre o no tan necesitado materialmente. Porque un perro solo necesita a su amo, no algo material, a no ser la necesidad alimentaria. También por otra parte ese miedo es necesario, ya que si yo soltara la correa cualquier día le podría pasar algo malo. Es una libertad y una pasión que atenta contra el individuo. Pero sin embargo, un perro solo necesita la presencia de su amo para ser feliz. Aquí vendría el gran dilema, ¿qué preferirías, ser feliz e indefenso, o triste y racional, formado y seguro? Amigos, la vida es una gran contradicción con forma de elipsis, solo me queda daros el consejo de la duda y que os lancéis a esa elipsis y forméis parte de ella, formad parte de la Gran Duda, deslizaros y nunca os calléis por algo que en realidad no os afecta tanto, pues nunca lo llegaréis a conocer ni saber elegir.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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