Luis Boullosa: “Nunca ha habido bandas tan buenas como ahora”

La verdad está bajo tierra. Así reza el subtítulo de una difunta Karate Press a la espera de un nuevo número que documente en sus páginas los contemporáneos y subterráneos  sonidos de una juventud que creció bajo pósters de Hüsker Dü, The Jesus and Mary Chain o Dead Kennedys, entre muchos otros. Mientras tanto, su director y creador, Luis Boullosa, vuelve a entregarnos un nuevo tomo para devorar y escuchar sini parar: Santos y Francotiradores, la segunda cara de la moneda de su anterior trabajo, El puño y la letra, ambos publicados en 66rpm.

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En primer lugar, llevaba mucho tiempo queriendo conocerle e intercambiar unas palabras. Resulta que ha venido a la capital a la librería bar Vergüenza Ajena, cuna de conspiradores dedicados al artificio pagano de la poesía, para presentar su último trabajo. Santos y Francotiradores, como su predecesor, analiza desde un punto de vista vital y literario, las carreras y trayectorias musicales de autores como Rafa Berrio, Josele Santiago, Fernando Alfaro, Javier Colis o Niño de Elche, como a su vez, sirve de punto de partida para entender a bandas más crípticas y poco conocidas, como Mursego, Orthodox o Pylar.

“Todo lo interesante ocurre en la sombra, no cabe duda. No se sabe nada de la historia auténtica de los hombres”. Esta cita, de Viaje al fin de la noche del maestro Céline, abre el primer episodio del libro y nos puede servir como punto de partida para aproximarnos más a las personalidades artísticas que en el libro salen retratadas. Figuras diversas donde están inscritas (y descritas) las rara avis del rock español, desde los dandys obsesionados con Pessoa, como Berrio, hasta la experimentación punk y visceral de Xavier Castroviejo y su banda, Blooming Latigo.

Luis Boullosa, en un concierto de las Hienas Telepáticas
Luis Boullosa, en un concierto de las Hienas Telepáticas

Viernes, dos de la tarde. Salgo de casa con una mochila en la que hay un cuaderno de notas con la entrevista preparada, novelas que nunca leo, tabaco y los libros de Boullosa de la mano. Cuando nos presentamos, nos estrechamos un cándido y amistoso abrazo que rompe el hielo y rápidamente empezamos a hablar de música y periodismo. Ha traído a un amigo suyo, Juan Glez quien, como a él, le encanta conversar. El resto de las horas se nos va entre cervezas, cigarros y preguntas, tanto es así que nos olvidamos por completo de hacer la comida de rigor, y eso que el Vergüenza Ajena es uno de los mejores sitios para comer en todo el centro de Madrid.

Cartel de la presentación "Santos y Francotiradores"
Cartel de la presentación “Santos y Francotiradores”

Alrededor de las ocho de la tarde, el bar se va llenando de gente y comienza la presentación. La grabadora de mi móvil hierve tras más de dos horas grabando. Demasiado que escribir en un solo artículo; tanto es así, que en breves subiré PDF para quien la quiera leer o descargar al completo.

“Nunca ha habido tantas bandas buenas como ahora”. Hacia una nueva crítica

La misión del libro es clara: hablar de las cosas que están pasando ahora. Por ello, Santos y Francotiradores es un documento atípicamente fresco y actual sobre lo más interesante que ha pasado en la escena musical patria y subterránea desde los años 90 hasta ahora. “El otro día, en una librería, fui a la sección de música y observé que de todos los libros que había, la mayoría eran revisiones, biografías… La reivindicación que hacemos es: Vamos a hablar del ahora, no de lo que pasó hace 20 años”, asevera.

Además, Luis se moja y asegura que “nunca ha habido tantas bandas buenas como las que hay ahora. Hay muchos mejores grupos que los que había hace 20 años, y dentro de 20 años habrá muchísimos mejores grupos de los que había ahora. En los 90 hubo una explosión, pero todos copiaban”. Esta creencia basada en que la música de antes era mejor tiene su reflejo en la industria y el negocio musical: “La música y el negocio musical no son lo mismo”, avisa. “El que existe ahora es negocio de la nostalgia, el del tipo que se gasta 70 euros en cajas recopilatorias de grupos de antaño”.

Luis Boullosa no duda a la hora de criticar a la “vieja guardia musical”. Ante la sobredosis  de información que existe hoy en día, Luis exige la creación de un “buen estamento crítico y potente, real, y que sea capaz de filtrar y de separar la calidad de la basura”. En definitiva, “la ceguera producida por la sobredosis de información” solo se corrige con “una nueva crítica que se replantee todo el concepto de la crítica”.

Perdido en Bandcamp. “Nuestra generación gobierna el país, y así nos va”

“Paso horas enteras delante del ordenador, en Bandcamp, haciendo el gilipollas, clico en los perfiles de gente que sigue a una banda que me gusta y poco a poco descubro cosas nuevas“, confiesa a la pregunta de cómo suele descubrir bandas nuevas. “A lo largo del día, a lo mejor doy con treinta bandas que no conoceré ni volveré a ellas ni por el forro, de las cuales todas tocan bien, diez son un poco crías y tres me resultan acojonantes”.

Bandcamp, YouTube, son plataformas con las que la juventud de ahora llega a sus ídolos. “Los chavales de ahora están criándose en YouTube, un chico que quiere tocar el bajo se mete en YouTube y al instante tiene a los mejores músicos de bajo a su disposición”, asegura. A raíz de esto, el miembro de Las Hienas Telepáticas carga contra su generación y la crítica musical imperante: “Muchos críticos no tienen ni puta idea de lo que está pasando, dicen eso de `Nuestra generación…´. Nuestra generación no ha hecho nada. Nuestra generación es la que gobierna el país, y así nos va.”

Cómo surge Santos y Francotiradores. Plan e improvisación

“Soy un poco anarca a la hora de hacer un libro”, reconoce Boullosa. “Aprovecho todo tipo de cosas, desde los libros de tus viejos a las cosas que te dice la gente y te ayudan a continuar. Si tú recibieras el libro en base a cosas que ya sabes, el libro sería más rígido. Yo, como el lector, voy descubriendo cosas a medida que escribo, y eso hace que el relato sea más vivo”. A su vez, reconoce el periodista y músico, “recibes mucho de mucha gente, no eres tú el que está divagando si no que hay treinta tipos detrás contándote cosas sobre su vida”, y advierte: “Hay un punto en el que mis libros dejar de estar planeados y pasan a ser pura improvisación.”

Medios e Internet: el estado de la prensa musical en España

“Los medios se han anquilosado”, sentencia Luis. “Tú eres un tío con un potencial de diez y estás en un medio de comunicación que te pide un cinco. Das cuatro, si intentas dar diez te castigan, porque ellos no quieren diez, quieren otra cosa”. A esto se contrapone, los siempre tan necesarios y urgentes fanzines. “El producto final de un fanzine independiente tiene muchísima más calidad que el de cualquier medio que te paga por escribir. ¿Por qué? Porque les das a los periodistas la libertad de escribir. ¿De qué quieres hablar? ¿Cuántas páginas quieres?”. Y concluye: “El estado de la prensa musical española es malo, pero no es por falta de mimbres individuales, sino porque los medios se han convertido en un soporte deficitario para sobrevivir y han intentado competir con Internet en su propio campo. Y han fracasado.”

Una posición vital sin caer en la “egomanía”

“¿Cómo puedo guiar a alguien a través de una serie de historias y discos?”, se pregunta Luis cuando le menciono el marcado carácter vital y personal del libro. “Pues no hay mejor manera que hablar de lo que para ti vitalmente ha supuesto esa historia. Mi libro es personal, claro que sí, pero no es un canto al ego personal; sino, escribiría sobre mí y no sobre cincuenta tíos distintos. Si yo quiero explicar cómo escuchaba determinada generación un disco en el año 96 te cuento la verdad: comprándole entre tres y yendo a casa de uno a escucharle”. Además, menciona al periodista Jaime Gonzalo como referente, “un tío que escribía mezclando su propia vida en ello”.

Excesos: “Al igual que los bares, escuchar toda la vida a la Velvet Underground también pasa factura”.

En general, las partes más interesantes del libro de Boullosa son los puentes que traza entre los diferentes artistas, puentes narrativos donde caben anécdotas, recuerdos y sensaciones personales, y que sirven para aportar cohesión, dramatismo y acción a la historia colectiva de los artistas presentes en el texto. Una de esas partes habla sobre los bares y su importante papel a la hora de conocer a diferentes personas y acumular experiencias. Un aspecto más que indispensable en toda carrera periodística.

En los bares he escuchado mucha música, he bebido mucho whiskey y he hecho un montón de buenos amigos”, defiende. “¿Pasa factura? Claro que pasa factura, como también pasa factura escuchar toda la vida discos de la Velvet Underground, ir en metro, no disfrutar de un sueldo digno o aguantar a la suegra”, reconoce. Lo bueno de los excesos, según Boullosa, es que “te permiten estar en sitios y momentos que te han dado un poso importante”. Ahora, afirma, “tengo una vida extremadamente tranquila y sana. No la he buscado, ni me he tenido que quitar de nada, porque nunca he tenido ese tipo de vida”.

Música comercial y música de mierda: criptofascismo

“Yo no tengo nada en contra de la música comercial”, admite Luis Boullosa. “Para mí hay música buena y música mala, aunque parezca una simplificación enorme. Si alguien me pone una canción comercial que escuchan millones de personas y me gusta, no tengo por qué reconocerlo. El proceso creativo de la música comercial ha ido degenerando más y más, y ya no se sabe hasta dónde puede llegar. En cambio, la música comercial de los años 70 era pura crema, también los medios”,  explica.

Hay un momento en el que se introduce un elemento “ético”, como lo denomina el periodista: “La música se evalúa en función a lo que vende. Eso da pie a `El que vende más se está vendiendo y nosotros somos los guerrilleros contraculturales que nos oponemos a eso´”. Boullosa no se opone a eso, ya que “se crean colectivos y asociaciones, a la vez que un entramado complejo del que sale muy buena música” pero, por otra parte, “se convierte en una especie de fascismo invertido o criptofascismo. Puede haber música profundamente pueril y despolitizada acojonante, incluso profundamente pueril, y a la vez buena”.

¿Cuál es la relación entre música y política? L. B. responde que en el primer blues o en el primer flamenco está “implícita, no es consciente y está hecha por pobres”. Los pioneros que inventaron ambos géneros, del que luego nacieron el resto de corrientes, “no querían hacer música contra el sistema”, el elemento político implícito fue “descodificado posteriormente por intelectuales de izquierda blancos”. De nuevo, Boullosa señala el ejercicio nostálgico como un mal amigo a la hora de discernir bien sobre estos temas: “Todas esas cosas sucedieron en una época en la que no viviste. Ahora, tú puedes coger un libro de historia y hacerte una idea, pero no estabas. Volvemos al embellecimiento a posteriori, todo el mundo quiere recordar la vida no como la mierda que fue entonces”. Y a la vez, desvela el carácter actual del libro y su verdadera misión:; “si cuentas lo que está pasando ahora no te ha dado tiempo material a pasarlo por el filtro embellecedor”.

La dominación vacía del indie o el triunfo de la música “inane”

Hace poco, en una entrevista con Pablo Und Destruktion, me aseguró que “no tenía ningún problema en que el underground llegara al gran público, lo que importa es el cómo, y  ese cómo es mediatizado por la industria”. Cuando le pregunto a Luis qué opina al respecto, me responde que “el underground en el momento en el que se generaliza deja de ser underground y ya no puedes llevar la chapita y decir ¡Qué guay soy!”. Para él, es algo que pasa en grupúsculos que hacen muchas cosas interesantes. Además, advierte, “el mainstream ya ni siquiera es mainstream, es otra cosa”. La música comercial hasta los 90, para Boullosa, podría funcionar como una fuerza artística en sí misma, “criticable, discutible, con mucha mierda, pero poderosa”. Ahora, afirma, “está prácticamente en extinción”.

“Nunca hemos tenido un mainstream tan pobre y un underground tan rico”, declara. El indie español lo define como “cuatro mataos con bandas de mierda que han sido capaces de hacer lo que cuatro mataos con bandas cojonudas no han sido capaces de hacer. Crearon una miniestructura económica de sellos y festivales, son la cuña. Si ahora tú quieres abrir campo no tienes que atacar a la música comercial, que es inexistente, tienes que tumbar a esos presuntos no comerciales que están haciendo tapón y pendientes de una música absolutamente detestable, inane o realmente mala, con la excusa de una supuesta independencia que nunca existió, porque aquí los únicos parámetros de independencia americanos no se exportaron, solo los sonidos, no había conciencia de base, nunca la hubo, solo un intento de llegar arriba con otros canales”.

Refiriéndose al indie, Luis asevera que es una cuña generacional que “debería caer, el caso es que no lo hará porque tú para tumbar a un tío bien organizado tienes que tener una estructura nueva y bien organizada”, y cita a Frank Zappa: “Tú lucha contra el Imperio, pero tienes que ser igual de exacto, indisciplinado y cabrón que el Imperio”. Sin embargo, reconoce Boullosa, existe la paradoja de que “siendo disciplinado y cabrón, no te distingues de tu enemigo”.

“Tengo una idea para este mundo: destruirlo por completo y empezar de nuevo”

“Yo puedo vivir ajeno a la música comercial. Me suda la polla, no estoy en esa guerra”, zanja con vehemencia. En la película América de Elia Kazan, un emigrante armenio para su viaje en Estambul, conoce a un anarquista turco y le dice: “Tengo una idea para este mundo: destruirlo por completo y empezar de nuevo”. Luis se sirve de esta frase para explicar su siguiente idea. “Muchas veces las voces interiores dicen `Tenemos que cambiar al califa´. Muchas veces, ni el califa ni el califato existen. ¿Cómo tumbamos todo y empezamos de nuevo”, a lo que responde: “No lo sé”.

Califa y Califato: Ética y estética de la resistencia

Al entrar en temas más antropológicos sobre la creación y la figura del artista, Luis admite no estar de acuerdo con la idea romántica de ser artista: “El ideal romántico del artista es una creación burguesa puramente sádica, violenta, porque para ser artista tienes que morirte de hambre, sufrir mogollón, y si no eres así, es que no eres artista, y los propios artistas se tragan esa mentira y son sufrientes vocacionales porque se creen una cosa que inventó un señor gordo en su casa”, afirma, a la vez que reivindica el derecho del artista a vivir de su oficio.

“¡Joder! ¡Mi fontanero vive debajo de un puente y se mete heroína! ¡Joder! ¡Cómo mola el fontanero!”, expresa en tono jocoso. “El sufrimiento que conlleva cualquier disciplina artística ya está ahí, no tienes que meterle un extra. La vida trae suficientes aventuras de por sí. Ese disfraz que muchos artistas han usado no lo ideó la resistencia, sino la burguesía que se descojona de ver toda la movida montada. La sociedad considera que un médico o un fontanero son necesarios, pero considera que el artista no es necesario, sino como un elemento de lujo y entertainment. Lo que pasa, advierte, es que “no genera un valor inmediato, pero la sociedad no puede prescindir del arte, se ha construido en torno a ello”.

El alma de España: política vs. costumbrismo

Hay una parte en Santos y Francotiradores en la que Boullosa hace un análisis muy certero sobre el pensamiento típico español, su guerracivilismo y su tendencia a reducirlo todo a ideas políticas y líderes. En dicho texto, el periodista se desmarca y condena ese posicionamiento derecha-izquierda para abrazar a la España de costumbres, una “conexión cultural ya dada”, que genera comunidad. Sin embargo, el periodista afirma que parte de las esencias de este país son “detestables, y la gente las acepta, se alegra y dice ¡Somos así!”, y pone de ejemplo el famoso Paquito el Chocolatero.

“Siempre se cree que la cultura popular es algo fácil de hacer, pero no es así, puede ser muy compleja”, indica. Marta Sanz, una “escritora a la que admiro y entrevisté alguna vez”, avisa que no es lo mismo cultura popular que cultura de masas. “Hay momentos de la historia en la que los medios de producción se aplican de forma brutal a la cultura popular, se estandariza y llega a toda partes, y de repente hay un tío en Hong Kong bailando twist”, expresa con tono divertido.

Los márgenes: una historia conjunta de marginados

Hacia el final del libro, Luis regala un texto personal e íntimo sobre su infancia y juventud en el que se describe como un ser marginado. Desde esta posición, desarrolló un espíritu a contracorriente que le ha llevado a ser quién es ahora y a moverse por los márgenes; esta es la teoría central sobre la que pivota Santos y Francotiradores: los artistas aquí retratados -Josele Santiago, Rafael Berrio, Xavier Castroviejo- entre otros, como Luis, siempre se han movido en las lindes del bosque, en los límites, la periferia, y desde ahí han apuntado disparos certeros y contundentes hacia la intrahistoria de una sociedad que se divierte con el reggaeton, el indie inane y descafeinado, y su hermano mayor, la Movida.

“Todos esos agravios de la infancia se superan en el momento en el que te das cuenta de que te importan tres carajos”, resume. “Por un lado, esa etapa de marginación infantil o juvenil fue un sufrimiento, pero por otro te obliga a una reacción, y esa reacción debe ser productiva”.

Pero no es lo mismo la marginación o lo marginal. Hay que diferenciar ambos conceptos: la marginación es cuando tienes diez años y quieres estar en un entorno y no te dejan, o te putean sin más. La marginalidad aparece cuando tú has comprendido esa situación y ya no aceptas seguir la doctrina de los subnormales y reírles las gracias. Al fin y al cabo, te van a seguir puteando durante toda tu vida. La sociedad tiene esos mecanismos”.

Sobre los márgenes antes mencionados, Luis afirma que es “donde nos obligaron a estar, hicimos del puteo una virtud, a la vez que somos capaces de empatizar con más gente que está dentro de esos circuitos que el integrado es incapaz”. Además, añade un apunte histórico cultural: “El canon cultural en el que vivimos actualmente ha sido construido por gente marginada. ¿Qué hacen los virtuosos? Escuchan Wagner. Si observas la lista de cómo se ha construido la cultura occidental te das cuenta que son todo tíos que han funcionado desde el margen”.

Kiko Sumillera: “La música en directo en Valladolid sigue siendo clandestina”

Es una noche extrañamente cálida de enero. Me cito a las nueve y media en el Café Pavón, un bar entre moderno y neoclásico, en pleno corazón de la capital madrileña. Kiko Sumillera aparece puntual, con su característica y relativa seriedad y un abrigo largo. Viene acompañado de una amiga que le sonríe con complicidad. Acaba de sacar nuevo disco, Hasta que se acaben los campos, publicado en el sello Valle Rojo, con el que se postula como el máximo renovador de la escena folk castellana. El sábado arranca la gira en su apreciada ciudad natal, Valladolid. Como el bar está muy lleno, vamos a otro que está a unas calles escasas de distancia de la zona de Tirso de Molina. Hay mucho de qué hablar.

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Kiko me advierte que ha estado toda la tarde agobiado por problemas con el concierto del sábado. La Hostelería de Valladolid ha dirigido una carta a los dueños del local donde cantará sus canciones nuevas, el bar Desierto Rojo, en la que amenazan con denunciar a las fuerzas del orden público si se cobra entrada. A pesar de todo, su mueca no es para nada de enfado, más bien de disgusto. El susodicho precio, algo meramente simbólico, asciende a los cuatro euros. Pero eso no es todo, a eso de las ocho de la tarde, su cuenta de Twitter arde con notificaciones y declaraciones incluidas –muy desafortunadas y groseras- del propio alcalde de Valladolid, Óscar Puente, quien llama “pesados” a diversos usuarios que se postulan contra la persecución existente desde hace varios años a la música en vivo en la capital vallisoletana.

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Colectivo Laika, la plataforma cultural que organiza el concierto de Kiko y de su telonero, Cifu Alonso, cuelga el comunicado oficial por el que se informa que finalmente el concierto será gratis o no será, y al poco tiempo es compartido por más de cincuenta usuarios. Estalla la mecha y las caras más representativas de la escena musical vallisoletana muestran su apoyo a Kiko y al Desierto Rojo en detrimento de las leyes injustas para tocar en directo en Valladolid, además de pedir se pague a los artistas como es debido. Hay que recordar que no es la primera vez que la policía interrumpe un concierto alegando no estar adecuado a la ley de ruidos. Esta es la forma que tiene nuestra ciudad de apoyar no solo a sus músicos, sino de incentivar el emprendimiento artístico de los jóvenes.

Finalmente, y como ya viene siendo habitual con las polémicas que salpican Valladolid, el Ayuntamiento, en boca de su alcalde, se lava las manos y alega que no puede hacer nada. Kiko Sumillera zanja el debate e invita “formalmente” a Óscar Puente a acudir al concierto. Tal vez se le pegue algo y sienta en sus propias carnes el ruido infernal que tanto perjudica a Valladolid y a sus vecinos y por el que la policía  debe intervenir noche sí, noche también, de forma fulminante.

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Como es un tema que nos saca bastante de quicio a ambos y, en general, a toda la comunidad musical pucelana, comenzamos la entrevista hablando de su disco y de cómo ha cambiado su estilo respecto a su último trabajo, el fresco y fantástico EP, Montañas de sangre.

Pregunta: ¿Cuál ha sido la transformación musical desde tu antiguo trabajo desde la densidad sonora de tu último trabajo, Montañas de sangre, hasta la aparente sencillez folclórica de Hasta que acaben los campos?

Respuesta: Yo creo que ha sido un proceso natural, nada forzado. Pasaron dos años entre una grabación y otra. La diferencia más palpable que veo es que cojo más confianza al cantar, quiero que se me escuche más. Las letras son importantes en este disco, quiero que se entiendan bien, y tampoco creo que el anterior fuera muy eléctrico como creo que este tampoco es nada acústico, de hecho no hay ni una sola guitarra acústica en el disco, es todo guitarra eléctrica. En directo, sí que tocaré la acústica, pero el disco está enteramente grabado con guitarra eléctrica.

Las letras de Hasta que acaben los campos tienen un estilo simbolista que resuenan a autores como Machado, Lorca o Miguel Hernández, pero también tienen un cariz popular, en una canción, por ejemplo, citas al programa Gran Hermano. ¿En qué te inspiras y cómo construyes las letras de las canciones?

Yo en mi vida he visto Gran Hermano (risas). Solo la primera y la segunda edición, pero era muy pequeño y ya no me acuerdo. Yo lo veo como un síntoma del desamor, que te quedas embobado viendo la tele. Simplemente encajaba con la letra y lo puse. La mezcla de esas dos esferas, la poética simbolista y el pop, lo llevan haciendo muchos artistas que admiro, como Lorena Álvarez o Los Planetas. Me gusta mucho coger lo más tradicional con referencias a la cultura pop.

Otra canción, la última del álbum, titulada “La máquina humana”, recuerda mucho a Balzac y su gran obra, La comedia humana.

Va un poco en esa onda. Es una canción que habla del día a día, de la monotonía de las personas. Simboliza una vuelta a casa después del trabajo y lo que uno puede llegar a pensar en su fuero interno.

¿Crees en la monotonía del día a día?

Sí, todo el mundo lo cree y lo vive.

Pregunta para romper el hielo. ¿Te has enamorado en verano o eres más de los rollos de una noche?

(Risas) Muchas veces me he enamorado en verano. Aunque el invierno tampoco está nada mal. Realmente me da igual. El amor siempre es bueno y bienvenido.

La gira comenzará pronto, ¿qué estás preparando? ¿Quién te acompañará en los escenarios?

Los músicos que vendrán conmigo son con los que grabé el álbum, Juan Díez a la guitarra de Frieda´s still in love, Ángel Román a la batería de Corzo y Tuxedo, David Hernández, a los teclados, de Cosmic Birds, y Álex Izquierdo al bajo, de Ángel Stanich. Llevamos casi tres años juntos y siempre es una maravilla poder ir con tus amigos de gira.

Hasta que acaben los campos fue grabado en La Leñera. ¿Cómo fue el proceso de grabación?

No hicimos muchos días de grabación, solo cinco o seis. Tuvimos que hacer apaño de bolillos y buscar cuándo estábamos disponibles, yo iba los fines de semana a Valladolid a grabar y el proceso fue de enero a marzo.

¿Salieron en el estudio o ya las tenías preparadas de antemano?

No, no, ya las tenía compuestas, desde bastante tiempo además. La última en salir fue “La máquina humana”, que la hice justo una semana antes de grabar.

En la página de Notedetengas Magazine critican el Nachoveguismo del álbum y piden que vuelvas a “Montañas de sangre”. ¿Qué opinas al respecto?

No sé, me parece un poco estúpido, tampoco creo que exista un estilo que sea “nachoveguismo” (risas). Pero bueno, la única diferencia que yo veo entre mi trabajo anterior y Hasta que acaben los campos es que la voz se oye más clara. Uso menos el delay, tengo más confianza y ya no me da asco oír mi voz.

Te has aceptado como cantante.

Eso es. Y a simple vista es la única diferencia que veo. Yo admiro mucho a Nacho Vegas y para mí es un halago que digan que hago una música cercana a su estilo.

Tu disco tiene un claro contenido político. Durante esta temporada en la que España ha estado sin gobierno creaste polémica en alguna entrevista por tus ideas políticas, ¿te arrepientes de ello?

Para nada. No veo ningún motivo para arrepentirme. Los músicos deben tomar partido, y no solo los músicos, todo el mundo, pero si encima los músicos tienen un altavoz y lo pueden decir alto y claro, por supuesto que sí. Los músicos más incluso, ya que es una profesión bastante jodida por los gobiernos de derechas que han subido el IVA, acortado los espacios de libertad… creo que es obligatorio, de hecho y nadie me puede echar en cara algo así.

Meses después, gobierno de Rajoy, ¿crees que los movimientos sociales de alguna forma han fracasado? ¿Nos podemos sumir en el pesimismo habiendo ganado otra vez “los ladrones”?

El panorama es pesimista. Pero lo que ha sucedido es evidente: el PP ganó las elecciones con el apoyo de Ciudadanos y el PSOE se lo permitió. Sin embargo, creo que sea pesimista, sino más bien al contrario, el cambio está aún por hacer y todavía no ha comenzado. Lo que resultó ser fue el germen de lo que se está extendiendo. Seguro que entre la juventud continuará propagándose esa semilla.

¿Crees que las redes sociales pueden sacar algo provechoso de la situación política y de los temas de actualidad o tienes una posición más apocalíptica del asunto?

No, también estoy seguro que la derecha lo sabe. Saben que los artistas están en contra, saben que las redes sociales están en contra, pero a ellos se la pela. Ellos están a lo suyo. Manuel Jabois en una entrevista decía que ellos quieren ser el paisaje, ellos no van a entrar en esos temas porque consideran que no tiene importancia lo que diga la gente, ellos simplemente están ahí.

Vayamos a Valladolid. Vives aquí, en Madrid, desde hace dos años. Castilla, y en especial Valladolid, forma una parte muy importante del imaginario creativo del álbum y del contexto en el que se desarrollan tus canciones. ¿Cómo se aprecia la ciudad desde la distancia?

Está exactamente igual de cuando yo vivía ahí. Yo voy mucho a Valladolid, es donde viven mis padres y mis amigos de toda la vida. Sé perfectamente cómo está. Hay muchas asociaciones y gente que está haciendo cosas, solo que parece que hay que hacerlo todo a escondidas y que no se enteren las instituciones. La policía siempre puede venir en cualquier momento y desmontar el garito… muchísimas bandas, escritores, actores, artistas, y público, pero que al final tiene que ser como un mundo relegado al underground y a lo clandestino, cuando no debería ser así. Y en Valladolid es brutal la cantidad de actividades que hay en comparación con la cantidad de restricciones brutales y sin lógica que hay. Cuando vas a Valladolid te sientes de alguna forma restringido, luego vienes aquí a Madrid y se respira muchísima más libertad.

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La Asociación Cultural Colectivo Laika y el sello vallisoletano Valle Rojo se han fusionado para crear un nuevo sello discográfico. Hasta que acaben los campos es el primer título en salir. ¿Qué sensaciones hay? ¿Podrías ofrecer alguna pista sobre lo que irá saliendo?

Todo surge de la necesidad de sacar y promocionar todo el talento que existe en Valladolid, una ciudad con muy buenos artistas. Da un poco de pena cómo muchas veces se queda solo en Valladolid y no sale hacia fuera. Si no tocas, ni no le enseñas a la gente lo que haces es muy difícil que llegues a algo en Valladolid. Tenemos pensado sacar para este año tres o cuatro referencias.

El diario Último Cero destacó la noticia de que Medina del Campo ha pedido que la música en directo deje de ser considerada como “ruido”. ¿Qué te parece?

Hubo un pleno hace poco en Valladolid donde los partidos tradicionales defendieron la importancia del descanso vecinal, pues supongo que el descanso vecinal también se interrumpe en Semana Santa o con los carruseles de Navidad, ponen los villancicos electrolatino a toda hostia… pues supongo que eso también molesta al vecindario. Es curioso como se distingue que lo que molesta es una guitarra acústica y un chico o chica cantando en un bar pero que haya gente en Semana Santa por la calle tocando el tambor y la trompeta a las tantas de la madrugada, no es ruido. Es un poco absurdo. En mi opinión, podrían convivir todas las cosas perfectamente.

¿Existe una persecución?

Más que una persecución yo creo que es un miedo tradicional que se ha heredado del gobierno del Partido Popular por el que la gente no puede pensar por sí misma. Esto pasa muchísimo en Valladolid y Castilla y León. Más allá del ruido que pueda ocasionar ese concierto es el miedo que tienen los partidos de que la gente empiece a pensar por sí misma y no como ellos quieren. Creo que es más bien eso, porque no sabría darle otra explicación.

¿Por qué existen tantos problemas para tocar en directo en Valladolid y cobrar lo que se dice, un precio simbólico, por entrada como es tu caso?

Para empezar, la ley de ruidos vigente no pone en ningún sitio que no se pueda permitir cobrar entrada, es simplemente una interpretación que hacen determinados sectores de Valladolid para impedir que eso suceda, y para seguir con ese absurdo. No puedes hacer una ley que permita los conciertos en directo pero que no cobren las bandas, porque igual que yo voy a un restaurante y pago mi comida, cuando voy a un concierto yo pago la entrada. Los músicos tienen que vivir de algo, no solo del cariño y del reconocimiento tocando gratis en los sitios.

¿Crees que el músico o el artista parece que su función es animar al personal, más allá de una profesión como otra cualquiera?

Sí, eso pasa en todas las artes, es más bien como decoración. Cuando hay alguien que está tocando no solo está tocando esa media hora que dura el concierto, hay unos ensayos por detrás, hay un material que comprar, de todo. Por no hablar de que nunca se cumple el estatuto del artista que obliga a dar de alta en la seguridad social a los artistas, ya no solo pagar con factura como se hace en este país. Esto si vamos a países vecinos como Francia o Alemania resulta impensable que suceda en un país europeo.

Temblor (Javi López-Gomis)

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BACK TO SMOKE

Acabas por inventarme un camino de huellas en los ojos

comienzas la búsqueda desechando mis orillas

como si mi boca fuera un puerto donde se agitan las manos y las lágrimas

                                               evaporan los pañuelos

como si mi mano                                      un hueco

una opacidad mis ojos      lágrimas desiertas y un mar árido

mi búsqueda:

no hay rumbo o nido donde reposar las piernas del ahogo.

Vuelvo al humo, lo exhalo por debajo de mis pies

/debajo de mis pies la arena es una escoba recogiéndome

el humo es la ilusión la última esperanza de que el hueco

no me trague y salir a flote como la luz hecha cortina cuando el hubo sube

                                                                           y hay ventanas

y hace sol y compañía y en la leve polvareda canta el universo.

Pero no hay tierra que le bese el pie a la luz.

Por eso vuelvo al humo.       hago un nubarrón para el abismo de debajo

y pongo una tormenta por si te besa una gota.

Pero te marchas en el silencio de un paraguas como si mi cuerpo

un puerto seco donde descansaron grietas para partir al mar

mientras mis ojos ven abismo

y yo regreso: escupo humo para fabricar un techo a los abismos

                                                               -un hilo al menos

para este dolor acróbata                el regreso

el humo                    el principio como abrigo

y el viento balanceándome la duda hasta que el salto

hasta los pájaros cansados

migrando de vacío a vacío

sin más posibilidad que nubes y las nubes

poniendo la cara de todas las ausencias

hasta mi último aleteo

                                                vuelvo al humo.

Javi López-Gomis, (Temblor, Ruleta Rusa Ediciones, 2016)

Una reflexión sobre el poder

poridentidad

El poder contemporáneo es de naturaleza arquitectural e impersonal, y no representativa y personal. El poder tradicional era de naturaleza representativa: el papa era la representación de San Pablo en la tierra; el rey, de Dios; el presidente, del pueblo; y el secretario general del partido, del proletariado. Toda esta política personal ha muerto, y es por esto que los pocos tribunos que sobreviven en la superficie del globo nos entretienen más de lo que nos gobiernan. La plantilla de políticos está efectivamente compuesta de mayor o menor talento. Con todo ello, saben al menos divertirte, es incluso su trabajo. Por eso, reprochar a los políticos “no representarnos” no hace sino mantener una nostalgia, además de no decir nada nuevo. Los políticos no están ahí para eso, están ahí para distraernos, ya que el poder está en otra parte. El poder está en gran medida en otra parte, fuera de las instituciones, pero no oculto. Nadie lo ve porque todos lo tienen, en todo momento, ante sus ojos: bajo la forma de una línea de alta tensión, de una autopista, de una rotonda, de un supermercado o de un software de ordenador. Y si está oculto, es como una red de alcantarillas, un cable submarino, fibra óptica corriendo a lo largo de una línea de tren o un data centre en pleno bosque. El poder es la organización misma de este mundo, este mundo ingeniado, configurado, diseñado. Aquí radica el secreto, y es que no hay ninguno. 

El poder es ahora inmanente a la vida tal y como está organizada tecnológica y mercantilmente. Tiene la apariencia neutra de los equipamientos o de la página blanca de Google. Quien determina el agenciamiento del espacio, quien gobierna los medios y los ambientes, quien administra las cosas, quien gestiona los accesos gobierna a los hombres. El poder contemporáneo se ha hecho heredero de la vieja ciencia de la policía, que consiste en velar “por el bienestar y la seguridad de los ciudadanos” (…) Absorbidos en nuestra concepción lingüística de la cosa pública, de la política, hemos continuado discutiendo mientras que las verdaderas decisiones eran ejecutadas ante nuestros ojos. (…)

Quien quiera emprender cualquier acción contra el mundo existente, debe partir de esto: la verdadera estructura del poder es la organización material, tecnológica, física de este mundo. El gobierno ya no está en el gobierno. Las “vacaciones del poder” que han durado más de un año en Bélgica lo atestiguan inequívocamente: el país ha podido prescindir de gobierno, de representante elegido, de Parlamento, de debate político, de asuntos electorales, sin que nada se viera afectado en su normal funcionamiento. 

El poder, ahora, es el orden mismo de las cosas, y la policía tiene a su cargo defenderlo. (…) Cómo oponerse a un orden que no se formula, que se construye paso a paso y sin rodeos. Un orden que se ha incorporado en los propios objetos de la vida cotidiana. Un orden cuya constitución política es su constitución material. Un orden que se da menos en las palabras del presidente que en el silencio del funcionamiento óptimo. Cuando el poder se manifestaba por edictos, leyes y reglamentos, dejaba un asidero a la crítica. Pero no se critica un muro, se destruye o se le hace un graffitti. Un gobierno que dispone la vida a través de sus instrumentos y acondicionamientos, cuyos enunciados asumen la forma de una calle bordeada de conos y vigilada por cámaras, solo exige, la mayoría de las veces, una destrucción, a su vez, sin rodeos. De este modo, dirigirse contra el marco de la vida cotidiana se ha vuelto un sacrilegio: es semejante a violar su constitución. El recurso indiscriminado a los destrozos en los motines urbanos indica a la vez la consciencia de este estado de cosas, y una relativa impotencia frente a él. Desgraciadamente, el orden enmudecido e incuestionable que materializa la existencia de una parada de autobús no cae hecho pedazos cuando esta es destruida. La teoría de las ventanas rotas sigue vigente cuando ya se han roto todos los escaparates. Todas las proclamaciones hipócritas sobre el carácter sagrado del “medio ambiente”, toda la santa cruzada por su defensa, solo se esclarecen a la luz de esta novedad: el poder se ha vuelto él mismo medioambiental, se ha fundido con el decorado. Es a él a quien se llama a defender en todos los llamamientos oficiales para “preservar el medio ambiente”, y no a los pececitos. 

“A nuestros amigos”, El Comité Invisible (Pepitas del sur plus, 2015)

Ese sentimiento

 

Hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento

los pantalones, la camisa, los zapatos

pero ese sentimiento, no.

 

Puedes arrojarlo a la lluvia

puedes azotarlo como a un perro

puedes talarlo como a un viejo árbol muerto

siempre lo verás cuando llegues a la ciudad

una vez lo cuelgues de la pared

ya no podrás quitarlo.

 

Pero hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento.

Puedes empeñar el reloj y la cadena

pero ese sentimiento, no.

 

Siempre acaba encontrándote, siempre te oirá llorar

apuesto mi pata de palo y juro por mi ojo de cristal

que nunca te dejará tirado,

nunca te dejará en paz,

es más difícil deshacerte de él que de un tatuaje.

 

Hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento.

Hay algo que no puedes hacer

y es perder ese sentimiento

puedes arrojarlo desde un puente

puedes perderlo en un incendio

puedes abandonarlo en el altar

pero te convertirá en un mentiroso

puede caérsete en la calle, puedes dejarlo en la estacada

bueno, dices que es el evangelio,

pero yo sé que solo es la iglesia.

 

Bien, hay algo que no puedes perder,

Y es ese sentimiento.

Pablo Und Destruktion: “Toda persona debe rendir cuentas ante Dios y la historia”

Desde Asturias al Infierno y a cualquier parte. Pablo Und Destruktion, no sé si trovador, sacerdote o extranjero, parece estar en continuo movimiento desde hace años. Sus palabras y canciones le delatan. Sus pasos, después de haber estado en las antípodas filipinas, le han traído hasta una fría y amable ciudad de provincias, como es Valladolid a principios de diciembre. Armado tan solo de una férrea voluntad, el asturiano salió al escenario de El Herminios, un local de aforo bastante reducido con aspecto más de cafetería jazzy que de sala de conciertos, para presentar a seguidores y neófitos temas nuevos en el inicio, y dejar para el final los más conocidos de su repertorio. Así lo sentenció nada más dar un trago a su copa de vino, colgarse la guitarra y reproducir una base rítmica en un humilde y versátil sintetizador, uniendo de esta forma folk y psicodelia, canción de autor y vanguardia, música de raíz popular y experimentación.

Meses después del lanzamiento de su último disco, Vigorexia Emocional, Pablo ha estado girando por toda España a solas y casi a modo “hombre orquesta”. Sus canciones, entonadas a veces en modo profético, tienen un matiz amargo, en ocasiones áspero y trágico; el personaje sobre el escenario, sin embargo, dista mucho de ser lo que se dice, un “triste”. Con anécdotas que van de lo divino a lo humano y una facultad innata de conectar con el público basada en la sinceridad artística, el asturiano confiesa uno a uno todos sus pecados en lo que él califica como “un acto de confesión y comunión con la gente”.

Y es que, como afirma en la entrevista que viene a continuación, “el alma hay que ganársela”. Polémico y afilado en sus opiniones, sus palabras no dejan títere con cabeza. Critica que la religión y los poderes eclesiásticos hayan monopolizado históricamente la espiritualidad humana, a la vez que cita a Francisco Franco cuando exige que todas las personas deben rendir cuentas “ante Dios y la historia”. Pero, no se dejen engañar, Pablo es todo lo contrario a una persona de ideas reaccionarias. Su objetivo, según reconoce posteriormente y off the record, es conseguir “la renovación simbólica del anarquismo”. Su vida ha estado marcada por la autogestión, el sindicalismo, los fanzines y el post-punk. Según confiesa en la entrevista, ha trabajado en todo tipo de empleos, desde vender droga hasta de acomodador en salas de cine. Hoy en día, da los últimos coletazos a su gira en solitario y prepara las nuevas canciones de su próximo álbum, el cual saldrá, según nos adelanta, en abril.

Fuente: Facebook
Fuente: Facebook

*Entrevista realizada por Enrique Zamorano y El Diletante Tunante

Pregunta: Los asturianos siempre decís eso de que “de Pajares para abajo todo son cazurros”. Tú haces referencia a Castilla en alguna de tus canciones. ¿Qué opinión te merece esta tierra?

Respuesta: Yo tengo sangre cazurra por mis venas, tío. Porque mi madre nació en el primer pueblo de León, saliendo de Pajares, el primero que hay, La Vid. Yo venía de veraneo siempre a León, a Villadangos del Páramo, todos los veranos a secarnos como los chorizos. Así que mi opinión sobre esta tierra es fantástica. Hay veces que no capto muy bien el humor y noto un choque cultural. Pero es bonito que note más choque cultural en Castilla que en Berlín, y esas cosas están bien, aunque en todas partes “cuecen habas”. Aquí tenéis horizonte terráqueo, nosotros el único y primer horizonte que tenemos es el mar.

P: Eso se nota mucho. El tener el mar al lado hace que estés más en calma contigo mismo y que el espíritu se encuentre con mayor paz. ¿O no es así?

R: Depende. En el Mediterráneo sí, pero el cantábrico es muy distinto. El mar revuelto que tenemos en el Cantábrico es bastante tronao. Mar y luna en el paseo marítimo de Gijón: eso es un manicomio por la noche. Hay que querer la tierra de la que uno es, tío, no hay que ser despegado. Castilla es de puta madre y si naciste aquí mejor. Hay que quererlo.

P: ¿Es Pablo Und Destruktion un cantautor, un artista, un profeta sin Corán o un epígono crepuscular?

R: ¡Joder! (ríe) Yo el Corán no lo manejo. Hay un libro que me gusta mucho, El Islam como anarquismo místico, de Abdennur Prado. Sí que me mola la consciencia del artista como sacerdote. La religión monopolizó un vehículo de expresión solamente para ella, pero realmente las artes escénicas son primas hermanas de lo religioso. Entonces, yo entiendo que el Estado Islámico vaya al Bataclán a pegar tiros porque realmente nosotros ahora mismo somos un culto, pero un culto a determinados dioses que ellos consideran falsos, como puede ser “sexo, drogas y rock and roll”, que por cierto yo también considero dioses falsos. Pero la música popular y las artes escénicas te permiten rendir culto en público a algo que está por encima de lo humano. Yo creo que eso está muy bien y ser consciente de ello te permite controlar ese culto. Muchas veces uno rinde culto a cosas en las que realmente no cree, y eso es idolatría.

P: Veo que ese tipo de temas están presentes en las canciones nuevas que has ido presentando: religión, vuelta a la pureza… Pero, evidentemente, no creo que tú escojas el camino del Estado Islámico, ni mucho menos.

R: No, pero intento establecer diálogo. Para mí son mis hermanos. Son mucho más hermanos que los burgueses que viven en mi propia manzana. Mucha gente de allí son clase trabajadora y peña totalmente excluida en lo sentimental, ya no en lo laboral, que parece ser que en Europa se ha creído que con dar unos subsidios de desempleo ya está todo hecho. Pero lo que se tiene que dar a un trabajador es dignidad, antes que dinero. Por tanto, yo entiendo que haya esa exclusión.

Cualquier guerra se gana con las armas y con la palabra también, pero ahora yo creo que ni desde la izquierda ni desde la derecha ni desde cualquier parte se está estableciendo un diálogo con el fundamentalismo islámico. Y se cree encima que la evolución es el laicismo, cuando no tiene por qué, en absoluto, y a las pruebas me remito. El Islam está creciendo mucho y no parece que lo que se pretendía desde la Revolución Francesa tenga una linealidad en ese sentido: vuelve la irracional, vuelve lo religioso, vuelven ciertas concepciones metafísicas de la vida que se pretendían olvidadas. Los artistas evidentemente tenemos algo que hacer y para mí es inevitable reflexionar sobre esto.

P: De hecho estuviste participando hace poco en una mesa redonda con intelectuales como César Rendueles, entre otros, sobre el tema de la cultura y sus posibilidades. ¿Tú crees que es necesaria una nueva cultura o más bien volver a la contracultura?

R: A ver, nuevo no hay nada en el mundo, son todo recombinaciones. Yo creo que está bien tener un concepto de lo contracultural porque ahora todo es Internet, que lo absorbe todo: la cultura dominante, las contraculturas y las microculturas. Ello se traduce finalmente en controlar tus datos para ofrecerte publicidad personalizada. Entonces, ser capaces de crear algo que esté al margen de eso, creo que es importante. Yo, por ejemplo, hago ahora conciertos en los que invito única y exclusivamente a quien me da la puta gana, y no cobro entrada, porque no todo va a ser trabajo, que está muy bien y tal.

Pero de cara a publicaciones, no todo tiene que ser visible, por supuesto. Yo creo que el secreto y la renuncia son las dos grandes herramientas para alcanzar poder, sobre todo cuando no lo tienes, como es el caso de los currelas. Por eso, yo creo que hay ciertas cosas que tienen que ser discretas como poco. Luego hay que renunciar a ciertas cosas, pero ya con esos dos ingredientes se puede crear algo de contracultura. Y bueno, la recombinación no solo con la contracultura, también con la cultura popular. A mí lo que me interesa de la contracultura es la relación que tiene con la cultura popular, algo que busca una sinceridad y una comunión. Concertar es sinónimo de comulgar, y ahora un concierto puede ser de todo menos una comunión. Puede ser uno haciéndose el chulito, el otro metiéndose rayas en el baño, o la otra enseñando las tetas. Está muy bien, vamos: apertura total. Pero a mí me interesa el concierto como comunión.

P: No como mero entretenimiento.

R: Puede ser entretenimiento pero que permita, por un milisegundo, olvidarte de tu individualidad y estar coordinado con el resto de personas que están asistiendo a eso. Muchas veces, un concierto, en mi caso, consiste en confesiones cristianas de libro. En la Biblia dicen “Confesaos los pecados los unos a los otros, porque la confesión de los justos es el mayor poder”: la Biblia no habla de confesar al cura, habla de que cada uno confiese a los colegas, porque confesar a los colegas realza y se alcanza un mayor grado de empatía, y lo que separa a los humanos de los animales es la capacidad empática. Ponerte en la piel del otro. Cuando uno se pone en la piel del otro se crea un sujeto colectivo: unos lazos de lealtad y generas un tipo de amor que fundamenta las familias, sindicatos, comunidades de vecinos… Que se hagan muchas cosas que cuando no existe comunidad son muy complicadas. Yo creo que muchos males contemporáneos no se curan con política o con nuevos planes de desarrollo urbanístico. Se curan con otro tipo de relaciones irracionales y sobre todo artísticas. Hemos perdido dos mil años, o al menos mil y pico, de religión: de todos los domingos ir a misa, de todas las fiestas regladas por una estructura superior, y lo hemos mandado a tomar por culo. Y me parece bien que se haga así, pero luego el pueblo tiene que hacerse cargo de lo que ha destruido y plantear un sustituto. Para mí eso es el arte, las artes escénicas.

P: Lo podemos ver quizás en el vídeo de “Busero Español” con una especie de “Reverendo Und Destruktion” ofreciendo tabaco a los jóvenes.

R: Sí. Es algo exagerado, pero a veces por el medio de los pecados encuentras la luz. El camino de la mano izquierda. Ya lo decía la Biblia, en el libro de Job. El demonio todavía estaba al servicio de Dios, porque el cristianismo tiene una gran incoherencia: que si el mal no está bajo el control de Dios, Dios no es omnipotente, entonces, no tiene sentido. El mal, en todo caso, debe existir bajo el propio control de Dios, está para poner a prueba lo humano.

P: Como el Arcipreste de Hita, en el Libro del Buen Amor, aquellas cosas que no había que hacer eran condenadas como pecado. Pero sin embargo era de lo único que se habla ahí. Conocer el mal para conocer el bien.

R: Y William Blake rescató este libro de Job del Antiguo Testamento, y que a mí me parece muy interesante, porque narra cómo el buen judío que conoce las Sagradas Escrituras y las lee todos los días, reza y tal… Pero llega un día Satanás y dice a Dios: “éste no tiene ni puta idea, lo está leyendo todo por el libro. No tiene ni puta idea. Tú déjame a mí.” La mujer le engaña, le mata a los hijos, le da la peste… Y el tío, William Blake, lo representa cogiendo los instrumentos musicales, abraza lo irracional y se caga en Dios, que es la primera confesión. Empieza a quejarse a Dios y dice que es un hijo de puta. Y con esa maldición confesional él entra en el mundo de la pasión, y así es como es perdonado. Y le responde Dios: “No seas idólatra”. Al final, es idolatría, una vez más.

Yo creo que esas tradiciones y mitos que nos han acompañado durante cientos de años son muy jodidos de olvidar, para sustituirla únicamente por comer, viajar y follar, como dice la canción. Para dedicarte simplemente a un tipo de consumo, con el que aguantas cinco o diez años, pero revientas tío, revientas con neurosis, con violencia de género, con peleas de hooligans… con un montón de cosas. Siempre va a haber violencia, vale, pero la violencia se puede educar, la cuestión es en qué dirección va. Y el tipo de violencia que tenemos ahora para mí es lo peor. Prefiero que la violencia consista en un atentado contra Alfonso XII que la peña matando a la mujer en casa porque le pone los cuernos. Es como las manifestaciones en Londres, cuando la gente sale a las calles a robar Ipods y televisores, es muy distinta a una manifestación política al uso. Yo creo que en el tema de las violencias afectivas nos pasa algo parecido. La forma en la que habitualmente se aborda la violencia de género es algo así como: “Violencia machista, las matan por ser mujeres”. Lo siento, ojalá fuera tan fácil, pero no es así. Es mucho más complicado que eso.

Fuente: Facebook
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P: Decía Leopoldo María Panero en un momento al final de su vida, que la obsesión que tenía hacia el proletariado era horrible, porque hoy en día su símbolo había dejado de ser la hoz y el martillo, o la anarquía, y que ahora solo lo era el botijo. En otra ocasión, tú dijiste que era muy importante que cualquier persona tuviera dignidad y honor, al margen de su situación social, el salario etc. ¿Crees que podemos hoy en día confiar en el honor de ese proletariado etilizado?

R: Yo creo que esas grandes categorías hoy en día están en tela de juicio, y pueden tener una parte no necesariamente mala. Pero esas grandes categorías del marxismo y del materialismo fueron también el pucho que abonó al fascismo. Vamos a ver, el fascismo viene del socialismo, que parece a veces que viene de la nada. Mussolini era miembro del Partido Socialista Italiano y luego fundó el Partido Fascista. Yo creo que la gran característica que tiene el fascismo es que condensa todos los males en una sola cosa, por ejemplo, los judíos. El marxismo hace algo muy parecido con los explotadores, o como ahora algunos hacen con la casta. Esas grandes categorías son siempre peligrosas porque no se ajustan a la puta realidad; que es mucho más compleja. ¡Señores y señoras, nos tenemos que joder! La gran categoría del proletariado también puede ser una farsa que puede caer en idolatría. Una vez más volvemos a lo mismo: Es utilizar recursos religiosos para juzgar el propio materialismo histórico, y aunque esas grandes categorías pueden servir para hacer una teoría social no se ajustan plenamente a la realidad, la realidad desborda siempre eso.

Entonces bueno, yo puedo confiar en el honor de cualquiera hasta que se demuestre lo contrario. Ahora, es responsabilidad de cada uno, y yo creo que una buena enseñanza del anarquismo es hacer que prevalezca tu honor. Por eso a mí me parece una buena meta en la vida ser honrado, y que la gente de tu alrededor lo sepa; e incluso generar una envidia sana de esa honradez. Yo creo que así también es como se va forjando el cambio, el cambio no es una revolución en la que se mate a tu vecino porque votó al PP. Eso me parece ridículo, el cambio se hace predicando con el ejemplo. Y bueno, por supuesto, tienes labores políticas, labores sindicales, filosóficas y educativas, lo que quieras. Pero también hay una labor humana en el día a día, que consiste en vivir con honradez.

P: Ante la ambigüedad de estas categorías y relatos revolucionarios, ¿con qué te quedarías entonces, con la militancia anarquista o con la distancia del anarca?

R: La militancia anarquista implica no creer en los grandes discursos y ser bastante escéptico. En la militancia anarquista va ya implícita esa distancia. Debería estar implícita esa militancia crítica. Yo creo que es un ejercicio continuo y que ahí está la gracia del equilibrio. La virtud es el equilibrio, la virtud no es el proletariado, la virtud es encontrar el equilibrio. Creo que el anarquismo trata de eso. Yo tampoco creo en un anarquismo revolucionario y a la vista está que no ha servido para nada. Pero sí en un anarquismo diario y continuo, que consiste en crear lazos de lealtad y de apoyo mutuo. Por ejemplo, surge un problema en la empresa de tu colega, ya no hace falta que esté afiliado a tu sindicato, tú le vas a echar un cable. Se trata de volver a generar lazos de solidaridad que se fundamentan en el amor en definitiva, aunque ya parece que nos vamos a derroteros hippies o religiosos. Pero joder, es verdad, hay que volver a tener la capacidad de sentir dolor por un lado, para también sentir amor, por otro. Si no existiera la muerte, el amor, la capacidad de sentir dolor, tampoco existiría la solidaridad, que al fin y al cabo es la capacidad de ponerte en la piel del otro; es un ejercicio de empatía. Una vez más, las artes escénicas pueden aportar mogollón para generar esa empatía y compartir este sufrimiento. Es lo que también tiene el country, la cumbia, la asturianada… En casi todas las músicas populares hay siempre un poso de dolor que se comparte con alegría, que es lo que intento hacer en mis conciertos. Mis canciones son todas tristes pero lo que cuento entre canción y canción suele ser siempre también alegre para crear otra atmósfera en la que puedes hacer al público partícipe de lo que te está pasando. Porque si no, es imposible, voy yo ahí a soltaros la chapa, y os meto dos ostias y marcháis pa´ casa y no os vale de nada, ni a mí tampoco.

P: Aún así, decías en otra entrevista que sí que se notaba una falta de calidad en las letras de la música actual en general. Recomendabas a los artistas que leyeran más para mejorar. ¿Qué lee Pablo Und Destruktion? ¿Qué obras y autores tiene en mente?

R: Yo me incluía dentro de esa falta de calidad. Con el paso de BUP a la ESO, yo creo que se notó un cambio, una ´siega` acojonante; pero ya no solo eso, primero se condensó toda la educación en el colegio. Mi abuelo aprendió a leer, escribir y estar con chicas en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) con 16 años. Antes había otros sitios donde uno se podía educar: padres, sindicatos… ahora es todo la escuela. La escuela se somete a distintas reformas que cada vez deterioran más la exigencia, y no está reñido exigir con comprender. Por ejemplo, yo me saqué la carrera de Comunicación Audiovisual sin dar un palo al agua, ¡es que es de vergüenza! Por el contrario, yo creo que debe de haber autoexigencia, no queda otra. Porque es muy fácil que cuando todo el mundo te aplaude y te ríe la gracia, cuando haces una obra de arte contemporáneo en la que te pagan la subvención y la gente te venga a ver porque sales en pelotas o cagándote encima, es muy fácil insisto seguir haciéndolo toda la vida. Pero llega un momento en el que tienes que tener una autoexigencia contigo mismo. El esfuerzo debe prevalecer. Tomando incluso una frase de Franco que decía “Hay que rendir cuentas ante Dios y ante la historia”; no ante tu colega de turno, ni ante el moderno de turno… Ni siquiera ante el público. Yo leo lo que puedo, ahora estoy con Angelica Lidell, Rodrigo García y su teatro contemporáneo, e intento leer clásicos de Thomas Bernhard, Peter Handke…

P: ¿Ernst Jünger también por casualidad?

R: No. Bueno (ríe), a Jünger no, al que leo es a Jung, Carl Gustav Jung. De hecho, tengo una canción que dice (canta) “Gustav Jung y las mujeeerees que parecen un regalo del señor”. (Ríe otra vez) Me mola mucho cómo se mete dentro de todo esto, de lo irracional y es incluso capaz de estudiar el tarot, desde  pretensiones empíricas dentro el psicoanálisis. Y bueno, siendo un puto músico de mierda como yo, que soy musiquín, como cualquiera, como Cañita Brava; aún así hay que currárselo, seas fontanero o lo que seas. Yo soy músico, no soy filósofo, ni político, ni profesor, ni nada más. Soy músico.

Pero joder, intentas currártelo, porque si no tienes autoexigencia se devalúa todo hasta el punto en que la exigencia ya solo viene de fuera: tienes paro, tienes miseria, tienes otras personas que escogen quién trabaja y quién no. Sin embargo, la autogestión, por cojones, implica autoexigencia y a partir de ahí coordinación con los otros. Pero en el momento en que bajas la guardia es peligroso. Ahora nosotros estamos saliendo de una crisis que se ha librado gracias a nuestros abuelos sobre todo. Cuando nosotros seamos abuelos, a ver qué pasa. Para empezar, a ver si tenemos hijos porque no tenemos las herramientas mentales ni morales para ello. En el momento de ser abuelos a ver cómo cojones reaccionamos, porque “abuelo tonelero, padre ingeniero, hijo pordiosero“, refrán castellano, por cierto. A nosotros nos tocó pordiosero, lo que va a venir es tonelero. Y hay que saber prever esas cosas cuando vienen.

En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook
En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook

P: Hablando de oficios, ¿a qué trabajos te has dedicado para ganarte el pan?

R: Poner copas, vender droga (ríe), currar en cines de acomodador… Tuve una temporada, antes de ser músico, que estuve algo mejor en Medialab Prado, un centro de arte madrileño bastante guay, luego pasé a otro, de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, que quebró, la nacionalizaron y nos echaron a todos. Ahí fue cuando empecé a ser músico. Pero bueno, sobre todo hostelería.

P: Como veterinario…

R: Nada, porque solo tengo el primer ciclo, así que no puedo ejercer.

P: La crítica musical te califica muchas veces como el “Nick Cave español”. ¿Te parece bien la comparación?

R: Nick Cave toca el piano, yo toco la guitarra (ríe).

P: Además, has hablado antes de la figura del sacerdote, algo que se aprecia muy bien en Nick Cave.

R: A ver, eso es indudable, a mí Nick Cave me flipa, pero también toda la escena que le rodeaba. Yo llegué a Nick Cave ya muy tarde. Me influyeron más otras bandas como Einstürzende Neubaten, Psychic TV, Current93, y un montón de grupos de dark folk o industrial a los que yo llegué cuando tenía 16 años. En esa época, teníamos la ‘distri’ en la casa sindical de la CGT de Gijón, antes de que yo entrara en la CNT. Allí conocí a un montón de grupos oscuros. Pero llegué a Nick Cave diez años después de eso, con 25 o 26 años. Por ejemplo, conocía a grupos chilenos que hacían un rollo parecido a Birthday Party, pero no conocía a Birthday Party; o llegaba a grupos que hacían algo parecido a Joy Division pero no conocía a Joy Division. Creo que eso es un poco la gracia de la música popular también, y de la escena dorada del punk de los años 90 que yo viví y que era puto oro bendito, ¡eso era una maravilla! Llegabas a las `distris` y veías docenas de fanzines, cientos de discos que no sabías ni qué cojones eran. Y claro, yo me los tragaba todos porque no había Internet. Toda la pasta que me sacaba de vender porros (risas) me la gastaba pillando libros, casetes, fanzines… A mí, toda esa escena vanguardista me mola, aunque yo provenga de algo más popular, como es el punk.

P: ¿Existe una verdadera decadencia en la escena underground al pasar al gran público?

R: No estaría mal que eso pasara, es decir que llegara bien; el tema es cómo pasa, y lo hace mediatizada por la industria.

P: ¿Podría ser una alternativa el mundo del teatro, en el que estás involucrado últimamente?

R: Sí, bueno, al final siempre es un ejercicio de purga continua. Para hacer canciones o teatro hay que tener alma, y para tener alma hay que limpiar, y si eso no se tiene en cuenta no se puede ser músico. Yo creo que esa es la única condición que se debe cumplir. No hace falta usar delays, no hace falta tocar de la ostia o tener buenas letras, no hace falta nada, lo que hace falta es tener alma, y el alma se gana. Yo no creo en eso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el alma hay que ganársela.

 

P: Dos preguntas de detalle: las señoras de “Mamina, qué pena”. ¿De dónde salen, quiénes son?

R: Son mis vecinas, tío, de la casa en la que vivo. Frente a mi portal tengo a la izquierda la carnicería Pipo y, a la derecha, la perfumería Conchi. ¡Espera! Igual tengo una bolsa aquí… (Saca la bolsa y ríe) ¡Qué documento! ¡CONCHI! ¡CONCHI! ¡PERFUMERÍA CONCHI! Oye, hacedle una foto, ho.

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Pablo enseña durante la entrevista su tienda favorita de cosméticos

P: Y la segunda, la otra cuestión de detalle: ¿qué historia hay detrás de los vagabundos jamaicanos de la estación de Colonia?

R: Verídico, verídico. Yo venía de viaje, de Montpellier a Colonia a tocar, como cuenta la canción “Busero Español”, y nada, lo primero que hago después de ese viaje “psycho killer”, como podéis observar, es encontrarme con dos vagabundos que están buscando a su hijo desaparecido. Ya es el puto colmo. Venía de ver miseria, llego a la estación y hay aún más. Es el puto colmo, eres pobre y estás en la calle, en Alemania, en mitad de la mierda; y ya no pides pasta no, porque no pedían pasta. Lo que querían era saber si alguien había visto a su hijo porque estaban durmiendo en la puta estación y se perdió. Entonces, me bajo del bus y veo eso y me voy a tomar un café… Y ya entre que yo estaba totalmente en la mierda en lo personal… En fin, la realidad supera siempre a la ficción.

P: Para terminar, ¿cuándo saldrá tu próximo álbum?

R: En abril.

P: ¿Tienes decidido ya el título?

R: Estoy pensándolo aún. Tengo dos opciones por ahora.

Cómo estar triste para siempre

CÓMO ESTAR TRISTE PARA SIEMPRE

(by Dandellion Hands) 

repítete a ti mismo “ellos no se han ido todavía”

el tiempo ha demostrado que engañarte para creer una mentira

es la forma más efectiva de lidiar

con cosas que no tienes bajo control

 

quédate escuchando las cintas que te hacían analizar en exceso

cada una de las palabras que escuchabas, “¿es esto una señal

de que las cosas estaban yendo mal?” no, no,

tú eres el único que te preocupaste demasiado, no ellos

 

quédate despierto cada noche y mira al teléfono

ya sea para tratar de reunir el coraje suficiente como para transformar

estos demonios, estos recuerdos constantes de tu soledad,

en nada más que un mal sueño

o quédate rezando un segundo hasta que puedas sentir

el calor del amor que vuelve

de forma equitativa

 

sal a tomar café cuatro veces por semana

lleva siempre tu cuaderno, no pares de escribir

abandona pequeñas historietas y agradece las notas escritas a mano

míralas y sonríe mientras entras en tu coche

 

habla contigo y críticate siempre que sea posible:

“mi vida es una completa basura porque la merezco”, ¿no es así?

debes haber hecho algo verdaderamente malo

es prácticamente imposible que te pongas a llorar

 

evita a tus amigos durante semanas

aunque ellos sean lo único estable que tengas

bórrales de tu vida, si ellos realmente quisieran verte

habrían venido, pero no lo han hecho, (¿a quién le importa?)

 

permítete a ti mismo perder el interés por las cosas que amas

observa cómo tomas un asiento en la parte trasera del mundo

que gira a tu alrededor, no lo combatas

conviértete en el personaje secundario de tu propia película animada

 

pero lo más importante, ahoga cada una de tus emociones

en un viejo ron robado, aprende a

amar su sabor salpicando, bajando por tu garganta

encuentra bienestar en el calor que aparece en tu

estómago, lo que bebes ahora es amor embotellado

 

no necesitas a nadie para ahuyentar tu soledad

solo encontrar la manera de hablar de ella.

 

*Traducción libre, que no libertina